“Que este amor no me ciegue ni me siga.
Y de mí misma nunca se percate.
Que me excluya de estar siendo perseguida
Y del tormento
De saberme existiendo sólo por él.
Que la mirada no se pierda en los tulipanes
Pues formas tan perfectas de belleza
Vienen del fulgor de las tinieblas.
Y mi Señor habita el rutilante oscuro
De un supuesto de hiedras en un alto muro.
Que este amor sólo me vuelva descontenta
Y harta de fatigas.
Y de tantas fragilidades
Yo me haga pequeña.
Y diminuta y tierna
Como suelen serlo las arañas y las hormigas.
Que este amor sólo me vea de partida”.
(Traducción: Hermeneuta)
- Hilda Hilst
Falleció en Campinas, Brasil, el 4 de febrero de 2004
Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a la brasileña Hilda Hilst (1930–2004), escritora muy difícil de encasillar. Poeta, narradora y dramaturga, desarrolló una obra marcada por la exploración del deseo, el cuerpo, la fe y el lenguaje, siempre con intensidad. Vivió gran parte de su vida retirada en la Casa do Sol, convertida en un espacio de creación y resistencia intelectual. En el poema que ofrecemos aparece un amor que es un triunfal, sino uno que desgasta, que puede ofrecer cansancio y dificultades. Pero, igual, ofrece un mensaje de resistencia: amar, pero sin cegarse, reconociendo la fragilidad como parte esencial de lo humano.
(Fuente: Hermeneuta. Revista cultural)
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