AMANECIDA EN LA CIUDAD
(CLAROR)
A Begoña Fernández
que arañaba paraísos, aquí.
In memoriam
La mañana: fruta evaporando
la orquestina y la lavanda que permitió mezclar
pancarpia y conseja se abre a la plaza
con un brillo de espuela: relincho nómada
De quienes arriesgaron su tiempo en la neblina azulada
del hachís sólo ha quedado un preámbulo
para clavetear en un hombro resbaladizo un color
ni tan decente ni filosamente mentido
Esta fruta —la mañana— ganada
por la ácida certeza de la morriña, decora
un vestido festoneado de ciudad olores
de hembras en los paraderos y hombres plomizos
limando sus letargos también el mordisco
se aprieta contra la sombra de edificios que dormitan
con una puesta de sol en un anuncio y un paseo
de árboles al que le crecen antenas de tv que peinan
una coreografía escarchada de un lugar sin nombre
Hay un verano de glicerina en esta mañana, que recuerda
unas palabras apresuradas en una postal, que se fue
haciendo vértigo desde el momento en que se desamparó
el hilo de tristeza en tus ojos y esto era un paréntesis
en la fatiga de los volatineros que iluminan el rincón
de los escombros y tu firma dibujando un corazón:
Bébete las entrañas de mi cuerpo
que tus manos se adhieran a mi piel
Aquella flor prendida al cabello de la niña de la verbena
yace en la tierra —pisoteada igual que una colilla— por la prisa
de cualquier encuentro (aquel de nosotros por ejemplo)
No obstante alguien habló de lo efímero y la aurora
Y una carraspera de bocinas hacen que te devuelvas
a la manera inerme de depositar las alabardas y la risa
al pedazo de cielo que te toca en esta seca fruta mordida
Hebras de Malasaña (1998)
En: Extracomunitarios. Nueve poetas latinoamericanos en España (2013)
Selección y prólogo de Benito del Pliego
Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, 2013, pp. 177-178
(Fuente: Óscar Limache)
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