
NUEVA GUERRA FLORIDA
Es bueno que el mundo asuma nombres cambiantes
Y que de pronto se llame nido, saúz, pino danzando a mediodía,
Argentada piedra con que el sol pule brillos de su frente,
Piedra partida por un sollozo, loca piedra sin memoria
Que ya no recuerda desde cuándo no aterriza,
Ni el nombre de la honda que la enseñó a volar
Leguas arriba de donde fornican águilas ladronas de zafiros,
Águilas que se dejan imantar por el sangriento color de casi toda aventura
Y en cuyo espíritu de recintos y cámaras boreales
La orden de que cese el íntimo fuego nunca es acatada,
Por otra parte, lo impredecible ha mellado norias y veletas
Como antes había destruido lunares de identidad,
Marcas secretas donde un rayo de luz
Sepulta memorias de viaje y talla epitafios
Bajo una gota abolla su comba
Se entrega al delirio de llover en patria ajena,
Cuando el lecho en que la pasión nos dora zozobra en el reposo
Y dejan de existir mantos de libélulas que cubren tu sexo flamígero,
Tu sexo encendido desde siempre, desde aquella tarde
En que tú y yo maduramos para el vuelo,
Para el polvo que gira adentro del silencio,
Adentro de toda el agua que se puede atar bajo la curva de una ola,
Ola donde yaces tú, intocada bajo tu camisa de caricias,
Bajo la niebla y su diadema de lobos,
Bajo esa atmósfera de magia y de capricho
En que es posible inventar
Todo el amor que hace falta.
Pedir el fuego (1992)
En: La rosa de los vientos. Antología de poesía mexicana actual
Selección, prólogo y notas biobibliográficas de Francisco Serrano
México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1992, pp. 180-181
(Fuente: Óscar Limache)
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