
NUNCA ME QUITARÉ
Nunca
me quitaré de tus luchas, ni tus lágrimas.
Tus dolores serán los míos,
tus cicatrices serán mi epitafio.
Aprendí a amarte con el tiempo,
tus ríos mansos y montañas verdes
eran mis compañeros,
que a ellos no le importaba mi acento,
y en la compañía muda de tu naturaleza
me encontré a mí mismo.
Nunca
olvidaré tu sonrisa pintada de crepúsculo y mares,
tus olas verdes que declamaban su oda infinita a la tierra,
el horizonte zafiro unido al sol que abrazaba
con sus rayos tiernos, besándose eternamente.
Me despido de tus astros azules que tiritaban
sobre mi cuerpo infantil, a lo lejos de mi vida,
y ahora guardo celosamente,
las canciones de tus alegrías que permanecen
en mi profunda soledad.
Para ellos soy,
hijo pródigo
hijo adoptado
hijo desconocido.
Me llaman el producto artificial de tu violación,
el fracaso cultural.
Que soy más como mi padre, frío y blanco,
como la estrella que él te prometió hace años.
Sé que tú me amas, y yo sé que yo te amo.
Eres mía, eres mía, madre morena,
polvo con el cual Dios me creó.
Amiga y hermana de mi juventud dorada,
tierra prometida de mi éxodo.
Siempre seré parte de ti.
Siempre seré tu puertorriqueño perdido.
En: Vuelos del Vértigo. Antología del Círculo Literario de la UPR en Humacao (2019)
Humacao, Puerto Rico: Vértigo, Ediciones del Círculo Literario, 2019, pp. 102-103
(Fuente: Óscar Limache)
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