jueves, 12 de febrero de 2026

Miguel Gaya (Buenos Aires, 1953)

 

 

En la mañana un pez pequeño,
del tamaño de una mano, hecho visible en el agua
por la bendición de la luz, un pez
plateado
que parece suspendido y que avanza
en contra de la corriente que baja
diáfana y parece se abre
ante el hocico del pez, que viborea.
Buenos días, pez.
 
Buenos días nube,
blanca como pueden ser las nubes
sobre los árboles oscuros y lejanos y ocupando
el espacio celeste y límpido,
grande la nube
como una catedral, y leve
y columpiándose.
Buenos días, nube.
 
Buenos días, todo. En la mañana
sentimos esas ganas de estar de acuerdo
con la luz y con la brisa y todas las carreras aéreas
de los pájaros
 
y nos ponemos de pie, o más bien nos detenemos,
a saludar,
y entendemos
como si fuese una luz,
que serán un número determinado las respiraciones
que habremos de dar
en este mundo.
Buenos días, buenos días. 
 
 - inédito
 

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