En la mañana un pez pequeño,
del tamaño de una mano, hecho visible en el agua
por la bendición de la luz, un pez
plateado
que parece suspendido y que avanza
en contra de la corriente que baja
diáfana y parece se abre
ante el hocico del pez, que viborea.
Buenos días, pez.
Buenos días nube,
blanca como pueden ser las nubes
sobre los árboles oscuros y lejanos y ocupando
el espacio celeste y límpido,
grande la nube
como una catedral, y leve
y columpiándose.
Buenos días, nube.
Buenos días, todo. En la mañana
sentimos esas ganas de estar de acuerdo
con la luz y con la brisa y todas las carreras aéreas
de los pájaros
y nos ponemos de pie, o más bien nos detenemos,
a saludar,
y entendemos
como si fuese una luz,
que serán un número determinado las respiraciones
que habremos de dar
en este mundo.
Buenos días, buenos días.
- inédito
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