«El desvío a Santiago»
Fragmento / Traducción de Julio Grande
No
se puede demostrar y, sin embargo, lo creo; en algunos lugares del
mundo tu llegada o salida se amplían de un modo misterioso por las
emociones de todos aquellos que han salido o llegado antes que tú. Quien
tenga un alma lo suficientemente visionaria sentirá una suave
resistencia en el aire alrededor de la Schreiertoren* de Amsterdam que
tiene que ver con el cúmulo de pena de los hombres que se despiden, un
tipo de pena que ya no conocemos. Nuestros viajes ya no duran años,
sabemos exactamente adónde vamos y nuestra probabilidad de regreso es
mucho mayor. A la entrada de la catedral de Santiago hay una columna de
mármol en el pórtico con profundas impresiones digitales, una garra
emocional y expresionista realizada por millones de manos, entre ellas
la mía. Pero al decir «entre ellas la mía» no estoy expresando toda la
verdad, porque yo nunca agarré con tanta emoción esa columna al final de
un viaje de más de un año de duración. Yo no era un hombre medieval, no
era creyente y llegué en coche. Si se prescindiera allí de mi mano, si
yo no hubiera estado nunca allí, esa garra seguiría estando allí,
desgastada por los dedos de todos esos muertos en el duro mármol. Sin
embargo, al poner mi mano en esa mano en negativo, yo estaba implicado
de una manera misteriosa en una obra de arte colectiva. Un pensamiento
se materializa, esto es siempre sorprendente. La fuerza de una idea
llevó a príncipes, campesinos y monjes a posar su mano justamente en ese
lugar, en esa columna; cada mano individual extirpaba una
insignificante cantidad de durísimo mármol (inquebrantable), gracias a
lo cual –precisamente porque ese mármol ya no estaba allí– se hacía
visible una mano.
Inicio de «Por Aragón a Soria», 1981,
en El desvío de Santiago, Siruela, 1991
*
«Torre de las lamentaciones», desde donde las esposas de los marinos
despedían a estos cuando partían hacia las Indias. (N. del T.)
(Fuente: Desocontexto)

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