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Ahora los galgos, flacos y desgreñados como
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jipis,
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Me tienden una celada y justo antes de llegar a la
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rotonda
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me tarasquean los talones
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hunden el hambre y la rabia en mis tobillos.
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Esos hermosos jipis que iban a cambiar el mundo
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pienso.
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Ahora son galgos enflaquecidos en este pueblo que se apaga:
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No conocí a ningún hombre bueno que no escondiese
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Entre sus túnicas
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un pequeño cuchillo mezquino,
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No conocí más que a niños envilecidos
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Famélicos como perros salvajes
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Por la culpa y el dolor:
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Los malos son malos, y en esa coherencia
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radica su grandeza.
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Los buenos se corrompen tiernamente,
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Como lienzos que han quedado
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Demasiado tiempo al sol
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Hasta volverse amarillos
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Como galgos.
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Yo me salgo del camino con la botamanga rota
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entrego mi piel a Cristo
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Me despellejo.
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