El infinito
Siempre vuelvo a este monte solitario,
y a estos arbustos, que una buena parte
del horizonte ocultan a mis ojos.
Pero sentándome, admirado, amplísimos
espacios más allá, y sobrehumanos
silencios, y la más perfecta calma
empiezo a imaginar, y el corazón
por poco se me espanta. Y mientras oigo
que el viento cruza entra las ramas, ese
infinito silencio yo a esta voz
voy comparando, y me llega lo eterno,
las estaciones muertas, y esta, viva,
presente, con sus ruidos. Así en esta
inmensidad se ahoga el pensamiento,
y naufragar en este mar me es dulce.
(traducción de Alejandro Crotto)(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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