DE LEJOS VENGO
De lejos vengo,
hartos años han pasado desde mi juventud.
Soy paciente como Job,
y pese a mis sienes grisáceas,
no estoy enajenada.
Conservo la libertad de la voz primera.
La rebeldía de transitar a mi antojo.
Pocas veces sonrío:
la vida se empecinó en ponerme a prueba
y por eso soy recia,
parca,
solidaria.
Pocas personas a mi alrededor.
No soporto un instante de estruendo y multitud.
Escojo a mis amigos,
otros han llegado y advienen, así, de improviso.
Los miro, intento dejarme sorprender,
mas ya casi nada me asombra.
Quizás una luz violeta al atardecer,
el brote nuevo en una planta,
el descubrimiento de una nueva galaxia que podamos habitar…
Pero más nada.
La vida así discurre silenciosa.
Intento huir y siempre estoy puertas adentro
defendiendo esta entrañable clausura.
Si alguien pregunta, siempre respondo:
“Aquí estoy, nada he perdido,
voy huyendo, huyendo y no sé de qué…”
.
(Fuente: Adriana Hoyos)
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