ESTAR LEJOS DE LOS SITIOS...
Estar lejos de los sitios donde transcurrió parte
de nuestra vida los envuelve de atónita dulzura.
La nostalgia es feroz
ah parques baldíos playas y bares
de cuya consistencia me arranco
el temor a encontrarse de nuevo frente a ellos
es el miedo a lo irreal
nada permanece intocable
lo irreal era nuestro a pesar de la consumación
de los sitios y las cosas.
De niña la sensación de ser buena dirigía mis actos
de día alargaba una limosna al sol
invitaba de mi sandwich un bocado
después de masturbarmme quería llorar de miedo y de vergüenza
tenía el tic de la señal de la cruz
las misas de difuntos eran el coro que necesitaba
la miseria de mi adolescencia
oh bondad
de ti no queda más que la veleidad
de haberte sentido.
Toda la soledad la hilaridad el vértigo de los detalles
de recordar me aburre y me seduce
siento como si abrazara algo ambiguo
como delinquir por exceso de lujuria
en un baile de creyentes
la solidaridad con el pasado.
Estar sola me enloquece de alegría perversa
como en las noches de Navidad inundadas de júbilo
mi cabeza estalla intoxicada de tabaco.
No hay nada sustancial y nada es insustancial en el
descubrimiento de lo acabado
si solo pudiera reproducir las imágenes en las que fui
suplicante
una noche me deslizaba en busca de mi hermano
estoy obsesionada por esta imagen
el origen de toda huida ha de ser voluptuoso
imagino cuando voy sobre el lecho cómo camina el universo
perdido entre mis pensamientos
la transfiguración de las imágenes es el brillo de
nuestra fantasía.
No temer a imaginarlo todo
la ley alcanza lo real o no existe.
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en "Noches de adrenalina", Cuadernos de Hipocampo, Lima, 1981 / Ediciones Sin Fin, Barcelona, 2015, con prólogo de Dunia Gras Miravet. En la imagen, Carmen Ollé (Lima, Perú, 1947) por Rosana López Cubas (Lima en Escena).
(Fuente: Jonio González)
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