jueves, 26 de febrero de 2026

Mario Bojórquez (Los Mochis, México, 1968)

 

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas y barba 

 

 

PARA UNA LECCIÓN DEL SUJETO POÉTICO

 
Pero cómo decirme, decirte, decirles,
que tengo, tienes, tienen, los ojos entornados,
si al final de los ojos, guardo, guardas, guardan,
la almendra de los días y los rotos veranos.
 
Pero cómo callarme, callarte, callarles,
estos silencios suyos, tuyos, míos,
si en mis, tus, sus, ojos, hay palomas abiertas
sobre campos de sangre, que yo, tú, ellos,
miran,
miras,
miro,
 
(De Pájaros sueltos, 1991)
 
*
 
 

GACELA DE DESPUÉS DEL AMOR

 

No te aflijas, poeta, si su cuerpo volara
si el jardín aromoso de su vientre volara
si sus dos muslos plenos, dura carne, volaran
si sus ojos temibles, si su boca, volaran
si su sueño y su historia, si su amor y su cama
si sus dientes blanquísimos, si su falda esponjada
si de verdad volara, no habría por qué afligirse
siempre habrá un corazón que le brinde morada
si volara, volara.
 
*
 
 

CASIDA DE LA ANGUSTIA

 

I
Un ácido durazno
una escaldada lengua de durazno
un picante y ardiente y amargo y picante durazno
en la escaldada lengua, oh tristes,
eso es la angustia.
 
¡Ah! sonrisa estudiada, aligerada, ensayada en el espejo
de lo que no digo.
¡Ah! estúpida respiración despepitada, oprimida, deletreada
veneno inocuo
ulceración.
 
Qué frágil corazón para el que sufre angustia
qué lenta máquina, qué desastrada
y lenta máquina es el corazón.
 
II
No conoció la fiebre
mi lengua no conoció la fiebre
no se alzó enardecida para un canto febril
sólo un cantar alegre
oh tristes
sólo un cantar alegre
cantaba mi lengua en su canción.
 
III
Este veneno ya estaba en mí
en mi sangre
antes de mí, mi sangre ardió,
antes de mí, mi sangre envenenaba a otros,
mi padre y su padre y sus abuelos, todos heridos
hasta el principio primordial.
Todos ardían como yo
todos arden conmigo.
 
IV
Pero el veneno escalda la lengua más feliz
¡oh, tristes!
 
Hablo de mí, sólo de mí.
 
(De Diván de Mouraria, 1999)
 
*
 
 

BROOKLIN BRIDGE

 

Desde la otra orilla de lo que digo
se tiende un puente para llegar a mi palabra
Cada vez que pronuncio mi nombre
mi nombre vuelve a mí desfigurado
Cada que digo agua, el agua vuelve viento
el viento fuego, el fuego mi nombre exacto
pero mucho más pleno, y más desconocido.
 
Tiro palabras, nombres, versos a la otra orilla
cada vez
y cada vez anuncia nuevas intensidades
de lo que no conozco.
 
Habría de arrojar sobre este puente
aquello que no digo, mi silencio
para que alguna vez vuelva poema.
 
 
(Fuente: Mario Meléndez Muñoz) 
*
 

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