El pez
el pez
que cogí
no se estaba
quieto en el cubo
sino que agitaba
y boqueaba
en el ardiente
asombro del aire
y murió
en el lento drenaje
de arcoíris. Luego
le abrí el cuerpo y separé
la carne de las espinas
y me lo comí. Ahora el mar
está en mí; se nos
saca entremezclados, seguros de caer
de nuevo al mar. Con dolor
y dolor, y más dolor
nutrimos la trama febril
nos alimenta
el misterio.
DEVOCIONES. POESÍA REUNIDA
Mary Oliver
Traductor: Andreu Jaume
Editorial: Lumen
(Fuente: Adriana Hoyos)
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