JARRILLA
Porque ando oscuro y necesito explayarme
voy a hablar de la jarrilla.
Es un arbusto que gusta treparse
a las faldas cordilleranas.
No se allega a las casas ni habla
con los frutales,
anda a campo bruto y hace al viento
cantar triste.
Si masticás una hoja de jarrilla
tiene un gusto áspero a antiquísimas
costumbres de los indios,
y si hacés fuego el perfume del humo
te dilata las narices gloriosamente.
Es amiga del hombre campesino y sabe
más que nosotros de todo,
por eso campo afuera la visito
para preguntarle por mí.
*
SÉ DE UN LUGAR
Cuando me desaloje la ciudad que habito
voy a enfilar por la orilla del Río de los Patos
hacia el sur
hasta dar con un lugar llamado las casitas
donde hay un rancho semidestruido.
Pernocté allá hace mucho
cuando iba a encontrar nada en mis minerías.
Vi que era excelente para hacer cama
y quedarse uno quietito a mirar
por los agujeros del techo las estrellas.
Cuando se me esté acabando el mundo
he izarme allá para quedar en nadie,
en solamente,
de modo que voltee los ojos a cualquier parte
y vea mi ausencia.
Eso es Las Casitas,
donde acuden a mirarlo a uno cerros nevados.
Y no creerse vanidoso el hombre sino guijarro,
pasto, pajarito.
Por eso he visto qué es apropiado el sitio
para último de último
dejar ahí todo en manos del viento.
J. L. E.
(Nota: en LAHOZ Beatriz, “Educación del deseo”, artículo sobre una experiencia docente publicado por “cultura LIJ”, Año 1- número 2- julio 2009).
(Fuente: Daniel Gayoso)
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