Oda al piano
Estaba triste el piano en el concierto, olvidado en su frac sepulturero, y luego abrió la boca, su boca de ballena: entró el pianista al piano volando como un cuervo, algo pasó como si cayera una piedra de plata o una mano a un estanque escondido: resbaló la dulzura como la luvia sobre una campana, cayo la luz al fondo de una casa cerrada, una esmeralda recorrió el abismo y sonó el mar, la noche, las praderas, la gota del rocío, el altísimo trueno, cantó la arquitectura de la rosa, rodó el silencio al leche de la aurora. Así nació la música del piano que moría subió la vestidura de la náyade del catafalco y de su dentadura hasta que en el olvido cayó el piano, el pianista y el concierto, y todo fue sonido, torrencial elemento, sistema puro, claro campanario. Entonces volvió el hombre del árbol de la musica. Bajó volando como cuervo perdido o caballero loco: cerró su boca de ballena el piano y él anduvo hacia atrás, hacia el silencio.
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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