“AH, QUE TÚ ESCAPES ”
“AH, QUE TÚ ESCAPES ”
Ah, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva se bañan el inmóvil paisaje
y los animales más finos: antílopes, serpientes de pasos breves,
de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar los más extensos cabellos
y el agua más recordada.
Ah, mi amiga,
si en el puro mármol de los adioses hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso, se extiende como un gato para dejarse definir.
EL ENEMIGO RUMOR
EL ENEMIGO RUMOR
“Ah,
que tú escapes”, poema de José Lezama Lima, incluido en su libro
Enemigo Rumor, de 1941. Este enigmático poemario se llama así atendiendo
la concepción de la poesía por parte
de Lezama. En palabras del autor cubano “la poesía se convierte en una
sustancia tan real, y tan devoradora, que la encontramos en todas las
presencias”. Es decir, la poesía es la realización de un cuerpo, de una
criatura viva que rumora, murmura, mira y vigila a quien la engendró.
Nos reta, provoca y se constituye en enemiga porque constantemente nos
está confrontando. “Pero cada paso dentro de esa enemistad, genera una
comunicación inefable”, sostiene Lezama.
Esa
oposición o choque entre el poeta y la sustancia poética establece un
distanciamiento intimo del poeta. La poesía construye la criatura y la
hace existir, la presenta, la constituye dentro de su propio mundo. No
es el mundo marmóreo del realismo sino del viento que “se extiende como
un gato para dejarse definir”.
llí
realiza la transmutación, la metamorfosis concebida por el poeta y
logra unir la justa cercanía con la precisa lejanía. Durante la creación
la criatura puede entrar en colera, éxtasis, tensión y sin embargo
vendrá la reconciliación, una súbita unidad propia de la sustancia
poética.
De
esta manera el poeta crea la admiración, la pasión, el asombro por un
cuerpo, una maravilla resistente enclavada entre una metáfora engendrada
en el hacer y el oficio, sustancia que soporta todo menos la traición a
la imagen que encarna.
Gabriel Arturo Castro.
(Fuente: Gabriel Atruro Castro Morales)
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