martes, 12 de marzo de 2024

José Lezama Lima (La Habana, Cuba, 1910 - 1976)

 

“AH, QUE TÚ ESCAPES ”


Ah, que tú escapes en el instante en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no querías creer las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva se bañan el inmóvil paisaje
y los animales más finos: antílopes, serpientes de pasos breves,
de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar los más extensos cabellos
y el agua más recordada.
Ah, mi amiga,
si en el puro mármol de los adioses hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso, se extiende como un gato para dejarse definir.
 
 
 

EL ENEMIGO RUMOR
 

“Ah, que tú escapes”, poema de José Lezama Lima, incluido en su libro Enemigo Rumor, de 1941. Este enigmático poemario se llama así atendiendo la concepción de la poesía por parte de Lezama. En palabras del autor cubano “la poesía se convierte en una sustancia tan real, y tan devoradora, que la encontramos en todas las presencias”. Es decir, la poesía es la realización de un cuerpo, de una criatura viva que rumora, murmura, mira y vigila a quien la engendró. Nos reta, provoca y se constituye en enemiga porque constantemente nos está confrontando. “Pero cada paso dentro de esa enemistad, genera una comunicación inefable”, sostiene Lezama.
 
Esa oposición o choque entre el poeta y la sustancia poética establece un distanciamiento intimo del poeta. La poesía construye la criatura y la hace existir, la presenta, la constituye dentro de su propio mundo. No es el mundo marmóreo del realismo sino del viento que “se extiende como un gato para dejarse definir”.
 
llí realiza la transmutación, la metamorfosis concebida por el poeta y logra unir la justa cercanía con la precisa lejanía. Durante la creación la criatura puede entrar en colera, éxtasis, tensión y sin embargo vendrá la reconciliación, una súbita unidad propia de la sustancia poética.
 
De esta manera el poeta crea la admiración, la pasión, el asombro por un cuerpo, una maravilla resistente enclavada entre una metáfora engendrada en el hacer y el oficio, sustancia que soporta todo menos la traición a la imagen que encarna.
Gabriel Arturo Castro.


(Fuente: Gabriel Atruro Castro Morales)

 

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