Melusina

SI TU FUENTE, MELUSINA,
no tuviera el segundo desenlace de todos los cuentos
en el dolor de corazón,
hace tiempo que todos nosotros
habríamos entrado
en la resurrección petrificada
de una Isla de Pascua –
Pero cuando tu rostro de eco
con los cansancios dispersa milenrama,
ejercita morir en el oro del sábado,
bebe nuestra sangre recuerdo
en un paisaje
que ya ha estado ahí
y en el pre-nacimiento de ligera duermevela
del alma.
¡DESEMEMORIA! Piel,
donde lo recién nacido se envuelve
y mortaja
que los recogedores para el hogar duermen en blanco
prestan de nuevo.
A veces en la última lengua de tierra
de la sangre
la sirena suena
y el marino ahogado canta
o sobre carretera arenosa
corren huellas
de laberintos del anhelo
como conchas de caracoles rotas,
llevando vacío sobre las espaldas –
Detrás del crepúsculo
música de mirlos
Muertos danzan,
tallos floridos del viento –
ENCANTADO está todo en su mitad.
Hacia abajo camina la luz
en el transfondo –
ningún cuchillo escama a la noche.
El consuelo habita lejos
detrás de la cicatriz de nostalgia.
Tal vez
donde otro verde con lenguas habla
y los mares se entregan intemporales.
Zarpa en el morir
la cola de cometa de los enigmas,
resplandece,
cuando el alma
se tantea hacia casa en su baranda.
Bien pacen vacas en el prado cercano,
el trébol huele a miel
y el paso sepulta lo olvidado por los ángeles.
En la ciudad traquetea el despertar,
pero el ir sobre puentes
es sólo para alcanzar un puesto de trabajo.
En la calle tintinea la leche en los cántaros
para todos
los que maman la muerte como último gusto.
La gaviota reidora sobre el agua
ha conservado aún una gota de delirio
de la vida-detrás-del-bosque.
Melusina,
tu parte sin tierra
está escondida en nuestras lágrimas –
SIMPRE DETRÁS de las lindes del mundo
el alma expuesta de Genoveva espera
con el niño lleno de dolor
en el rayo de la nostalgia.
También puedes tú decir Sejiná,
la coronada de polvo,
la que va gimiendo a través de Israel
y la santa hembra animal
con las heridas que ven en la cabeza,
que no se curan
por el recuerdo de Dios.
En sus pupilas de arco iris
todos los cazadores han
encendido las amarillas hogueras del miedo.
También mi pie
aquí en la calle
choca con el horizonte de ceniza –
un casco de granada,
signo de interrogación habitado de noche,
yace en el sentido de la trayectoria.
Desde la pirámide de los guerreros,
cubierta de sangre,
el anhelo indefenso fusila
al amor
en el último grito del cisne –
EN EL CREPÚSCULO MATUTINO,
cuando la moneda de la noche acuñada de sueño
se voltea
y costillas, piel, pupila
son llevadas a su nacimiento –
el gallo con la cresta blanca canta,
llega el terrible momento
de la pobreza sin Dios,
se alcanza una encrucijada –
Delirio se llama el tambor del rey –
Sangre sosegada corre –
Prólogo y traducción de JOSÉ LUIS REINA PALAZÓN
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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