CANCIÓN DE ADOLESCENCIA

El capullo no sabía ser rosa.
—La presentía—
No sabía ser rosa
y amanecía
en un verde canal
de arterias rojas.
El río no sabía ser catarata.
No lo sabía.
En el agua, peces verdes
se oscurecían,
y un remolino gris
hervía.
El río no sabía ser catarata.
No lo sabía.
CANTO II
De las turbias cenizas
surgen cauces recién abiertos.
El pájaro de fuego se abandona
en la noche quebrantada del sueño.
No hay tierra.
Ni viento.
Ni amigos.
Sólo el cielo crucificado
del misterio.
***
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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