a barlovento ─ a sotavento aún ─ dices y suena el viento entre esas
letras inoídas como el pájaro que aquí trina alejado de toda bulla,
de toda ebullición humana que anuncia o no un “estado de cosas” inentendidas
sin lengua para descifrar la realidad
esa, esta realidad impensada, muda, mutua, silenciosa
sanciona desde lo ínfimo
desde esa media vida, “entre lo inanimado y lo animado”
y la fortaleza de eso
y el escudo
de ese luchar contra lo invisible
─ el enemigo no se ve ─ dicen algunos
y el viento lo lleva y el viento lo trae
tan diminuto
frágil, sensitivo,
insensible también ante los más sensibles
─ los olvidados de su propia sensibilidad ─
arrojados a descifrar esa lengua sin lengua
código exacto de material genético:
ácido ribonucleico y proteínas
con medidas increíbles
minúsculas
─ la milmillonésima parte de un metro ─
así de pequeñita la amenaza
se alza, ciega ante los ciegos
vibrando imperceptible bajo “la amplia atadura de la línea oscura
más abajo del horizonte”
¿quién se estremece
quién se agazapa
ante la visión de un “piano apolillado cayendo en ruinas”?
y sin embargo
el leve espacio de los pares que separa
(y el canto de pájaros y niños)
volverá con humildad infinita
incontaminado
(con Marilyn Contardi, José Ignacio Padilla y César Moro)
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(Fuente: Contratiempo)
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