Poética
(El poder desova en el significante)
El poema se desdice para que el lector sobreentienda. Dos vacíos se solapan, el sentido opera por transparencia.
El poema huye de sí, en la renuncia purga su pecado original: la
sospecha, o más bien la franca convicción, de que cualquier palabra
puede significar cualquier cosa en según qué contexto. Expiación
imposible que lo empuja a su infatigable errancia. La escena originaria
(Urszene), aquella que nos descubre el turbio y gimiente acto que nos
dio la vida, se equipara así al no menos desasosegante descubrimiento de
la insaciable concupiscencia de las palabras y los jadeos
descontrolados del significante.
El poema resta ruido al mundo, como el escultor retira materia e introduce vacío en el bloque de mármol.
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