Mi viejo
gozando harta libertad
en el campo nazi
de trabajo esclavo.
Recolecta tripas, ojos,
cráneos, un caniche,
un par de testículos,
tras los bombardeos
a la procesadora de caucho.
Amanece luminoso en Berlín.
Disipado el polvo,
acalladas las ambulancias,
las damas preparan café
y pasteles de manzana verde,
los esmerados chalecitos
cancerados con esquirlas
como si nada.
- Inédito -
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