Cuando regresé
del Zancarrón
cabía una piedra
en el cielo
y otra
en el agua del canal.
María
supo regalarme
una capa de hule
y zapatos de charol
con la paga doble
de aquel feriado largo,
ocurrencia propicia
en el lupanar:
rosas pachangas,
casi de sollozos
a la hora del pan
y la cebolla.
- Inédito -
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