VENECIA:
CONTIGO Y SINTIGO
Ya no hay pórfidos
que sostengan
plumas
en este retablo de oro falso.
Las piedras
extenuadas,
la Vulgata
en bazar
ostentada
y un cusquito,
allanado y malquisto,
levanta la pata
y orina
la puerta dos
de San Marcos.
Uno
nace de sangre y moco
y yace
en súbdita
postura
pa'que la muerte
se repita
casi boca
apostólica.
Asciende el aire impropicio,
las gaviotas están chinchudas,
hay rapsodias de campanas,
pizza pasada y Heineken en latitas,
turistas bullangueros
que prefieren Miami,
viejas pintarrajeadas
que bailaban foxtrot
en el año 39,
selfies, africanos,
albaneses,
un cura que arrastra ceguera,
y guachitos
que hacen de las suyas.
Y los cuatro caballos
adjudicados a Verrocchio
no logran
encadenarse
a esta tierra
que de repente
y penitente
desaparece bajo los pies.
Y por aquí,
dicen los griegos ribereños,
se encamina el rencor
al cuadrante hostil
del universo.
- Inédito -
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