CANTO A WALT WHITMAN
Con los brazos en alto,
teniendo buen cuidado de no tocar el cielo;
con los brazos en alto
y los pies en el sueño;
invadido de orgullo porque a ti me parezco,
hoy recibo cantando, Capitán, tu recuerdo.
Oh Capitán, mi Capitán, Walt Whitman:
el prodigioso viaje ha comenzado.
De la silla volcada
sobre un suelo de miedo y sarcasmo teñido;
desde el tronco del día
al que el hacha del crimen derribó en los senderos,
derramando en la tierra
el pavor cristalino y lineal de los pájaros;
desde el santo zapato de los últimos muertos,
cuyas bellas pupilas conservaron
la gloria de la guerra
como una llamarada de bórico y de asco;
desde todos los pobres
―esa mala palabra―
…cuando digo los pobres,
viejo Walt, yo me acuerdo
de tu buen carpintero,
de tu buen pescador que se sentaba
al pie de tus famosas pezuñas de labriego,
de tu buen peregrino
―el que hervía las coles del placer en tu casa―;
desde todos los pobres
―esa buena palabra―,
el formidable viaje,
el viaje formidable,
aquél que tú esperaste, mi Capitán, Walt Whitman,
el formidable viaje ha comenzado.
El viaje del amor a los amores,
el viaje de la hormiga hacia la azúcar,
el viaje de los hombres a los astros.
Con los brazos en alto
y mis pies en el muelle de este viaje sin término,
hoy levanto tu nombre para que puedan verlo
sobre potros de luces y yerbas los viajeros.
Para que puedan verlos con sus ojos radiantes;
para que se lo lleven igual que talismán,
cual un brebaje,
como un llavero al cinto de llaves palpitantes.
Oh Capitán, mi Capitán, lo dije:
el más hermoso viaje ha comenzado.
Hallazgos y extravíos (1968)
En: Poesía (1990)
Lima: Editorial Colmillo Blanco, 1990, pp. 139-40
(Fuente: Óscar Limache)
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