DESDE LA CANA
Che grela, batile al ""Zurdo""
Que ayer, parece mentira,
En corte me mandó un tira
Con el fierro y el balurdo.
Y como me hallaba curdo
""Batí el justo"" y la arruiné,
Sobre el pucho me aboqué
A sacar limpio al ""goruta"",
Que lo había catao la yuta
Laburando en societé.
Batile al ""grone Peroca""
Que queme el bobo en el pío,
Junto con el zarzo mío
La empiedrada y la marroca.
Que reduzca, aunque sea poca
La menaje del bulín,
Mis tambos de marroquín
Las pilchas y la catrera,
Y vos, piantá de ladera
Con la mina de ""Pachín"".
Si me sale bien el tiro
Y sobrese'el magistrao,
Creo seré jubilao
De circular en el yiro.
Es por eso que me estiro
En la cuestión del sumario,
Pa' que vos, al secretario
Lo trabajés con cautela,
Y quién te dice, che grela
Que me limpien por otario.
En fin, estoy en gayola
Sin fasos, mal empilchao,
Del celador, mal mirao
Por carencia de chirola.
Traime, si es que me das bola
Siquiera un gomán, m'hijita,
No faltés a la visita
Y acordate de este coso,
Que aunque chorro y ranfañoso
Sabe llamarte... ""grelita""...
POBRE RICO
Sos un lindo farabute
que explotando bien debute
tu pintusa de galán,
enganchaste aquella grela
que en el banco tiene tela
y en el mate un tulipán.
Escalaste del convento
a un lujoso apartamento
con calefacción central,
hoy te haces lustrar las uñas,
tenes vento, tenes cuña,
y te va fenomenal.
¡Pobre rico!
quién te ha visto,
¡ja, ja, ja!
no sos rico,
pelechaste y nada más.
Con la pala y con el pico,
cuando voy a laburar,
yo también me siento rico
y lo digo sin cachar.
No es más rico el de más vento,
sino aquel de más moral
y aunque te parezca cuento
vos rodaste en el barrial.
¿Qué hacés rico?,
che que bronca que me da.
¡No sos rico,
pelechaste y nada más!
En tu bote de remise
hoy volviste a la reprise
con toda curiosidad,
y pasas por las esquinas
dando fuerte a la bocina
y a toda velocidad.
En tu orgullo rante y torpe
vos quisiste dar el golpe
pero hiciste un papelón,
y se dice en todo el barrio,
al hacer el comentario,
que ese guiye no es pa' vos.
MILONGA LUNFARDA
En este hermoso país que es mi tierra, la Argentina
La mujer es una mina y el fueye es un bandoneón
El vigilante, un botón, la policía, la cana
El que roba es el que afana, el chorro un vulgar ladrón
Al zonzo llaman chabón y al vivo le baten rana
La guita o el vento es el dinero que circula
El cuento es meter la mula, y al vesre por al revés
Si pelechaste, tenés, y en la rama si estás seco
Si andás bien, andás derecho; tirao, el que nada tiene
Chapar es, si te conviene, agarrar lo que está hecho
El cotorro es el lugar donde se hace el amor
El pashá es un gran señor que sus mangos acamala
La vecina es la fulana, el tordo es algún doctor
El estaño un mostrador donde un curda se emborracha
Y si es que hacés pata ancha te la das de sobrador
El que trabaja, labura; quien no hace nada es un fiaca
La pinta es la que destaca los rasgos de tu apostura
Mala racha es mishiadura, que hace la vida fulera
La cama es una catrera y apoliyar es dormirse
Rajar o piantarse es irse, y esto lo manya cualquiera
Y que te van a contar, ya está todo relojeado
Aquello visto, es junado, lo sabe toda la tierra
Si hasta la real academia, que de parla sabe mucho
Le va a pedir a Pichuco, y a Grela con su guitarra
Que a esta milonga lunfarda me la musiqueen de grupo.
***
Leonel
Edmundo Rivero (Valentín Alsina, 8 de junio de 1911 - Buenos Aires, 18
de enero de 1986) fue un cantor, guitarrista y compositor argentino de
tango. Por su particular tesitura de voz, estilo, repertorio y extensa
trayectoria, es considerado uno de los mayores artistas de la historia
del género.
Su bisabuelo
materno, inglés, de nombre Lionel, había sido lanceado a mediados del
siglo XIX por los indios pampas, le dejó la herencia del pelo rubio y el
primer nombre, su nombre completo era Leonel Edmundo Rivero.
Edmundo
Rivero nació con acromegalia, lo que llevó a que en la adultez esa
condición desarrollara sus marcadas facciones, su voz profunda y su gran
altura. Siendo muy chico Edmundo, toda la familia Rivero se traslada al
pueblo de Moquehuá en la provincia de Buenos Aires, ya que su padre,
empleado ferroviario, había sido designado como jefe de esa estación.
Lamentablemente Edmundo enferma gravemente y los médicos del lugar no
logran descubrir lo que tenía, por lo que el padre opta por renunciar a
su empleo como ferroviario y regresar a Buenos Aires, donde finalmente
logran curar al más pequeño de los Rivero.
Estando
en la capital, se instalan en una casona de Saavedra en las calles Av.
del Tejar y Manuela Pedraza, donde vivían sus abuelos. Luego tendrían
varios domicilios en el barrio, en la calle Tronador, en Cramer y García
del Río, y en la calle Juana Azurduy. Edmundo desde pequeño se siente
atraído por la música y por la guitarra en particular, en su casa a
todas horas se podía escuchar a sus padres cantar y tocar estilos,
valses y zambas, y fue su tío Alberto quien le enseñó sus primeras notas
en la encordada. Ya siendo alumno en la primaria del Colegio Molinari
(Núñez y Roque Pérez), Rivero "debuta" cantando versos del Martín Fierro
en uno de los actos patrios.
Siendo
adolescente comienza a sentirse intrigado por el Lunfardo, un lenguaje
prohibido que su tío le fue enseñando de a poco, y finalmente fue en un
aguantadero de Saavedra donde aprendió de primera mano el lunfardo más
encriptado a manos de un grupo de delincuentes que allí moraban.
Alrededor
de los 18 años Rivero ya era un guitarrista conocido en el barrio y
frecuentaba distintos bodegones y bares, uno de ellos era "El Cajón"
ubicado a metros del puente Saavedra, un antiguo boliche donde llegaban
malandras, payadores y carreros. Luego de esta etapa de aprendizaje
informal, si se quiere, Edmundo comenzaría sus estudios de canto y
guitarra clásica en el conservatorio nacional de música y comenzaría a
acompañar a cantores de la zona y más tarde de más renombre como la
cantora Nelly Omar.
En
el año 1932 Leonel Edmundo Rivero cumplió con la Patria en el Regimiento
de Granaderos a Caballo "Grl San Martín", sus compañeros siempre lo
recordaron por su bonhomía. El Servicio Militar Obligatorio le enseñó a
valerse por sí mismo en circunstancias difíciles para un joven. Siempre
guardó un grato recuerdo hacia sus compañeros de colimba, sus jefes y
sobre todo por los Granaderos de San Martín cuyo uniforme vistió en
innumerable cantidad de ocasiones.
(Fuente: Henderson Epinosa)
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