–Al finao De Rokha–
Aquí donde usted me ve,
en medio del potrero
y en mitad del camino de la vida,
veinte o más años antes de pegarme
como usted un tiro, emberrado, enrabiado
gritándoles ¡carajo!
…………………………….. a los pájaros
que me arrancan el trigo,
cojo un grano pensando en la espiga,
en las trillas de antaño
y en la bien llamada dulce chupilca
que hubiéramos tomado juntos.
*
–Imitación de Catulo–
Me preguntas, Natacha, cuántos besos
me harían por fin decirte “¡basta y sobra!”
Cuantas arenas hay en Isla Negra
entre la cabaña de Nicanor
y el locomovil anclado en el patio.
Cuántos astros titilan a lo lejos
contemplando a los amantes que graban
corazones en la casa de Pablo.
Tantos besos bastarían, Natacha,
más nunca sobrarán a este loco.
Ya lo sabes tú, pero los intrusos
no sabrán cuántos besos envidiarnos.
*
–pre epitafio–
Aquí ni siquiera yace
pues no ha muerto todavía
un tipo que día a día
cargó la cruz que a Dios pace:
plantó un árbol, hizo clases
le dieron y dio lecciones,
tuvo hijos, publicaciones
y -de serle concedido-
reeditara lo vivido
con dos o tres correcciones.
(Fuente: Ernesto González Barnert)
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