A orillas del Olimar
Hay ríos que hoy son ausencias
en mi destino de andar y andar,
pero ninguno me dio esa cosa
que solo tiembla en el Olimar.
Vestida de azul profundo
su agüita cumba cantando va.
Qué lindo suena en las tardecitas
arrobaditas de zucará.
Cuando mueran los caminos
que sueñan, andando yo,
que junto al dulce Olimar querido
se vuelva tierra mi corazón.
Hay ríos que andan y sueñan
y cantan cumbas como el que más,
pero ninguno me dio esa cosa
que solo tiembla en el Olimar.
Hay cosas de vez en cuando
que sin quererlo me hacen pensar,
pues se me van corazón adentro
y allí se quedan, como a soñar.
Adiós mi Salto
Adiós, mi Salto, te dije un día
mirando el último naranjal.
Desde una rama del alba verde
me despedía triste un sabiá.
Adiós, mi Salto, te dije un día
mirando el último naranjal.
Casas y lomas, aves y frutas
me despedían quedando atrás.
Hoy el camino tiene mil huellas
para mis ansias de caminar.
Nadie camina mejor, te juro,
que aquel que aprende sobre su andar.
Adiós, mi Salto, te dije un día
mirando el último naranjal.
Mi pena en viaje sobre el rocío
te saludaba por no llorar.
Aún humedecen mis lejanías
las aguas dulces del Uruguay,
el cielo abierto de tus otoños
y el aire verde del naranjal.
Canción del Estudiante
Que somos los estudiantes
nadie lo debe dudar,
porque si hay que ir pa’ adelante,
para adelante se irá.
No todo es azul,
no todo es azul
en el cielo claro
de la juventud.
Por eso, con fe
pongamos el pie
al mundo sin alma
que está por caer.
Cuando tomamos un libro
para estudiar la lección,
tenemos que estar alerta
por si se viene el malón.
Señor que va por la calle
como si fuera de usted,
aunque maneje un revólver,
aquí me tiene de pie.
La muerte de un estudiante
es una baja y no es,
porque por uno que muera
otro ya está por nacer.
(Fuente: Henderson Espinosa)
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