domingo, 21 de diciembre de 2025

Santos Domínguez Ramos (Cáceres, España, 1955)

 

 

HE VISTO ARDER LA VIDA

 

                                      Visión de Caravaggio
 
 
Sobre los figurantes alguien sostiene un foco
de luz viva y caliente.
 
Al fondo flota un lienzo como en un escenario
y pende el terciopelo sobre la sangre helada
que enciende el paño blanco de lino incandescente.
 
Con desprecio de estatuas, en las criptas secretas,
he visto arder la vida,
el bronce, el filtro, el pulso
venéreo de los falos
y un enigma de fuentes y de frutas incisas.
 
Ni invención ni decoro.
 
En las horas azules
frecuenté las tabernas ácidas del deseo,
el lupanar infecto donde la carne afirma
su furia inoculada en las bocas frutales,
en las uvas lascivas,
en las ingles plebeyas de muchachos nefandos.
 
La dura luz se enfría en el cielo de estaño
y es un teatro de sombras
que vacila en las lámparas de una cámara oscura
donde un telón amansa su geometría tajante.
 
Bajo la pertinencia de una luz clandestina
se amansa el sedimento del bermellón o el vino.
 
Y hay gestos contenidos, amagos incipientes
y muecas sorprendidas de un dolor pordiosero.
 
En el perfil incierto del día que se avecina
los músicos callados
preparan las trompetas de los últimos días.
 
Es transparente el lienzo y el otoño es ahora
esta mesa con frutos de colores intensos.
 
Al fondo de la sala, coronado de hiedra,
un ángel descarado toca un violín lascivo.
 
Es el ángel penúltimo que viene a recordarnos
que nada nos asiste sino un tiempo pautado,
como la partitura precaria que interpreta.
 
 
(Cuaderno de Italia. La Isla de Siltolá. Sevilla, 2023)

 

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