Marcha fúnebre

Jean Genet
I
Algo de noche queda en un rincón podrido.
Centella a duros golpes en nuestro cielo tímido
(Árboles de silencio dejan caer suspiros)
Una rosa de gloria coronando el vacío.
Es pérfido este sueño a que prisión me lleva
y más oscuro en mis galerías secretas
Alumbrando marinos que hace de muertes bellas
Ese muchacho altivo que su bosque atraviesa.
II
En mi mismo me encierra y hasta el fin mis días
El gafe veinteañero.
Su ojo un solo gesto, su cabello en los dientes
Mi corazón se abre y gritando de gozo
El guardián me aprisiona.
Apenas se ha cerrado con bondad excesiva
Esta puerta malvada
Apareces de pronto. Tu perfección me arroba
Y escucho nuestro amor relatado esta vez
Por tu boca cantora.
Un tango apuñalado que las celdas escuchan
Tango de los adioses.
¿Eres tú, monseñor, sobre este aire radiante?
Para huirle a los dioses.
III
Cuando duermes afluyen caballos en la noche
Sobre tu pecho plano y el trote de las bestias
Disuelve la tiniebla a que el sueño conduce
Su máquina potente de mi sien arrancada
Y sin apenas ruido
El sueño hace brotar de tus pies tantas ramas
Que temo quedar muerto ahogado por sus gritos.
Que descifre en lugar de tu frágil cadera
Antes de que se borre un puro rostro escrito
De azul en tu piel blanca
Que un gafe te despierte ¡Oh mi tierno ladrón!
Cuando lavas tus manos esas aves que vuelan
En torno a tu floresta de mi dolor cargada
Con dulzura desgajas el tallo de los astros
Sobre tu rostro en llanto.
Tu fúnebre despojo tiene actitud de gloria
Tu mano que lo aparta sembrándolo de rayos.
Tu jersey tu camisa y tu negra cintura
Extrañan mi prisión y estúpido me vuelven
Ante tu marfil bello.
IV
Noches en pleno día
Tiniebla de Pilorge
En vuestras negras curvas
Mi cuchillo lo forjan.
Dios heme aquí desnudo
En mi Louvre terrible
Reconocido apenas
Que tu puño me abra
Yo no soy sino amor
Arden todas mis ramas
Si oscurezco la luz
La sombra en mí recula.
Puede que en puro aire
Mi cuerpo se deshaga
Apoyado en el muro
Tengo el fulgor del rayo.
Se hunde el centro del sol
Con el canto del gallo
Pero jamás el sueño
Derrama sus figuras.
Sin fuerza ante el deseo
El silencio yo fijo
Cuando aves de fuego
Despegan de mi árbol.
V
DE damas que se cree son de esencia cruel
Sus pajes mensajeros llevan los atributos.
Se levantan de noche estos merodeadores
Y a un signo de sus dedos audazmente te vas.
Pues tal niño temblando en su veste de gracia
Fue el ángel enviado del que seguí confuso
El rastro luminoso de su loca carrera
Hasta esta celda donde su rechazo brilló
VI
Cuando quise cantar sin hacerlo en su clave
Enredada mi pluma en los rayos de luz
Con palabra aturdida estúpido caía
De cabeza llevado por este error al fondo
De su antigua costumbre
VII
Nada habrá de turbar esta eterna estación
Donde me hallo sujeto. El agua solitaria
Inmóvil me custodia y colma la prisión.
Por complacerte ¡Oh niño de una sorda belleza!
Continuaré vestido hasta el día en que muera
Y abandonando el alma a tu cuerpo sin cabeza
Encontrará en el mío una blanca morada.
¡Oh saber que tú duermes bajo mi pobre techo!
Por mi boca conversas y con mis ojos miras
Esta alcoba es la tuya y son tuyos mis versos.
Revive lo que quieras que yo monto la guardia.
VIII
¿Puede ser que tú fueses el demonio que llora
Detrás de mi muralla?
Devuelto entre nosotros más presto que un hurón
Mi canalla divina.
La suerte mata aún mediante nuevo óbito
Nuestros tristes amores
Pues eras todavía, no me mientas Pilorge,
Esas sombras robadas.
IX
El chaval que buscaba confundido entre tantos
Muerto está en su yacija solitaria cual príncipe
Vacilando a sus pies una gracia le calza
Y recubre su cuerpo de un leal estandarte.
En el dulzor de un gesto de que una rosa pende
Reconozco esa mano que a los muertos saquea.
Sólo tú haces tareas que repudia un soldado
Y entre aquéllos desciendes sin temor ni pesar.
Como tu cuerpo un traje negro enfunda tu alma
Y entretanto profanas la tumba señalada
Con el extremo de una cuchilla vas cortando
La línea de un enigma por el rayo alienado.
Te hemos visto surgir guiado por la locura
De coronas de fuego cogido por los pelos
En esta baba goteante y las rosas manchadas
Con los brazos dormidos de abrazarte tan fuerte.
Apenas regresado a traernos tu sonrisa
Desaparecían tan pronto que creí
Que tu dormida gracia había sin decírnoslo
Recorrido otros cielos a causa de otra faz.
De tu cuerpo bien hecho sobre un mozo que pasa
Entreveo el resplandor y le querría hablarte
Mas sólo un gesto suyo, sutil de él te tacha
Y te hunde en mis versos de donde no te irás.
¿Qué ángel ha permitido que a través de los sólidos
Pases sin ser notado y trizando los aires
Hélice delicada en la proa de un bólido
Que traza y destruye su precioso camino?
Contritos nos quedamos por tu rápida huida
Un deslumbrante giro te lanzaba a nosotros
Besabas nuestros cuellos y querías gustarnos
Y tu mano absolvía a estos cráneos rapados.
Pero ya no apareces, chaval rubio a quien busco.
Caigo en una palabra y te veo al revés.
Tú te alejas de mí un verso me echa un cable.
Y me pierdo a través de una zarza de gritos.
Para atraparte el Cielo montó trampas sublimes
Inéditas y fieras de acuerdo con la Muerte
Que vigila en lo alto de un invisible solio
Las cuerdas y los nudos sobre bobinas de oro.
Valiéndose del vuelo nupcial de las abejas
Devanando con maña los radios y los hilos
Tomo cautiva al fina a esta rosa prodigio:
Un rostro de chaval que de perfil se ofrece.
No me lamentaré por cruel que el juego sea
Un canto de pesar que revienta tus ojos
Se trastorna de verte por tanto horror ceñido
Y ese canto por siglos tu ataúd estremece.
Por los dioses sujeto ahogado por su seda
Has muerto sin saber ni cómo ni por qué
Triunfas de mis mas pierdes al juego de la oca
Donde intento forzarte, mi amante fugitivo.
Pese a soldados negros que besarán sus lanzas
No escaparás del lecho donde la férrea máscara
Yerto te inmoviliza y al erguirte de pronto
Te desplomas y vuelves al infierno otra vez.
X
Mi prisión bien amada en tu inestable sombra
Descubrió mi mirada por descuido un secreto.
Tuve sueños que el mundo ignoraba
Donde se ahoga el espanto.
Tus lóbregos pasillos son meandros del alma
Y su masa de sueño organiza en silencio
Un ingenio que tiene del verso el parecido
Y el exacto rigor.
Tu noche hace fluir de mi ojo y mi sien
Una tinta tan densa que ella hará surgir
Estrellas floreadas como se ve de golpe
La pluma que humedezco.
Avanzo en un líquido negro donde complots
Informes al principio lentamente se fijan.
¿Qué auxilio pediré? Mis gestos se fatigan
Y son bellos mis gritos.
Nunca podréis saber de mi oscura destreza
Más que extrañas bellezas que el día hace surgir.
Los golfos a los que oigo tras sus miles giros
Al aire libre se unen.
Y envían a la tierra a un dulce embajador
A un niño sin mirada que señala su paso
Rompiendo tantas pieles que su alegre mensaje
Consigue su esplendor.
Y palidecéis de vergüenza al leer el poema
Que graba el muchachito de criminales gestos
Pero nunca sabréis los lazos primigenios
De mi pasión sombría.
Pues en su noche vagan con fuerza sus perfumes
El firmará Pilorge y su apoteosis
Será el claro cadalso donde broten las rosas
Bello efecto de muerte.
XI
Hizo el azar surgir el más inmenso azar
De mi pluma a menudo en lo íntimo del texto
La rosa con el nombre de Muerte que en brazaletes
Bordada en blanco portan los guerreros que adoro.
Qué jardín brotará del fondo de mi noche
Y qué penosos juegos se entablan que deshojan
Esta tronchada rosa que en el silencio asciende
Hasta la blanca página que acogen vuestras risas.
Más si yo no sé nada fijo sobre la Muerte
De tanto hablar de ella y en el más grave tono
Debe habitar en mi y aflorar sin esfuerzo
A la menor palabra que fluya de mi baba.
De ella nada conozco dicen que su belleza
La eternidad desgasta con sus poderes mágicos
Mas ese movimiento termina en el fracaso
Y muestra los secretos de un trágico desorden.
Pálida de moverse en un clima de lágrimas
Se aproxima descalza subiendo en bocanadas
A mi propio nivel donde ramos de flores
Me explican las ahogadas dulzuras de la Parca.
Y me abandonaré bella Muerte en tus brazos
Porque sé recobrar la exaltante pradera
De mi clara niñez y tú me llevarás
Cercal del extranjero de la verga florida.
Y armado de esa fuerza ¡Oh reina! Yo seré
El secreto ministro de tu escena de sombras.
Tómame dulce Muerte heme aquí preparado
En mitad del camino a tu villa sombría.
XII
Mi voz choca en palabras y del choque tú emerges
Al milagro tan presto como alegre a tus crímenes.
¿Quién se podría asombrar de que emplee mis colmillos
Para gustar a fondo el matorral del verbo?
Amigos que veláis para pasarme cuerdas
En torno a la prisión y en el pasto, dormíos.
No me importan ni vuestra amistad ni vosotros.
Conservo esta ventura que me otorgan los jueces.
¿Eres tú otro yo sin sandalias de plata
Salomé que me ofrece una rosa cortada?
¿Está sangrienta rosa al fin desarrollada
De su ropa es la suya o la testa de Juan?
¡Réspondeme Pilorge! Que se muevan tus párpados
Háblame de través canta por tu garganta
Cortada por tu pelo de tu rosal
Verbo a verbo mi Rosa penetra en mi plegaria!
XIII
Donde joven aún muero te amo prisión mía.
La vida de mi escapa enlazada a la muerte.
Su lento y grave vals es danzado al revés
Cada cual devanando sus razones sublimes
Y una a la otra opuestas.
Hay demasiado espacio ésta aún no es mi tumba
Es muy vasta mi celda y pura mi ventana.
En la prenatal noche confiando en renacer
Me dejo, existiendo para un signo más alto,
Explorar por la Muerte.
A lo que no sea Cielo clausuro para siempre
Mi puerta y no concedo ni un minuto amigable
Sino a rateros jóvenes en los mi oído espía
Con qué cruel esperanza que acudan en mi auxilio
Con su extinta canción.
No es mentira mi canto sin titubeo a veces
Es que rastreo lejos bajo mis hondas tierras
Y afloran a menudo con parecidas sondas
Los restos de un tesoro que fu inhumano vivo
Desde que existe el mundo.
Si me pudiese ver acodado en mi mesa
El rostro destrozado por mi literatura
Sabrías que me abruma también esta aventura
Espantosa de osar descubrir oro oculto
Bajo tanta carroña.
Una aurora jovial explota en mi mirada
Cual la mañana en que, una alfombra en las losas
Para apagar tus pasos a través de los dédalos
De sordos corredores, se extiende tu umbral
A las puertas del día.
Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Poemas. Madrid. Visor libros. 2da edición. 1996. Págs. 29-50.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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