miércoles, 15 de noviembre de 2023

Jean Genet (Francia, 1910-1986)

 

Marcha fúnebre

Jean Genet

I

Algo de noche queda en un rincón podrido.

Centella a duros golpes en nuestro cielo tímido

(Árboles de silencio dejan caer suspiros)

Una rosa de gloria coronando el vacío.

Es pérfido este sueño a que prisión me lleva

y más oscuro en mis galerías secretas

Alumbrando marinos que hace de muertes bellas

Ese muchacho altivo que su bosque atraviesa.

II

En mi mismo me encierra y hasta el fin mis días

El gafe veinteañero.

Su ojo un solo gesto, su cabello en los dientes

Mi corazón se abre y gritando de gozo

El guardián me aprisiona.

Apenas se ha cerrado con bondad excesiva

Esta puerta malvada

Apareces de pronto. Tu perfección me arroba

Y escucho nuestro amor relatado esta vez

Por tu boca cantora.

Un tango apuñalado que las celdas escuchan

Tango de los adioses.

¿Eres tú, monseñor, sobre este aire radiante?

Para huirle a los dioses.

III

Cuando duermes afluyen caballos en la noche

Sobre tu pecho plano y el trote de las bestias

Disuelve la tiniebla a que el sueño conduce

Su máquina potente de mi sien arrancada

Y sin apenas ruido

El sueño hace brotar de tus pies tantas ramas

Que temo quedar muerto ahogado por sus gritos.

Que descifre en lugar de tu frágil cadera

Antes de que se borre un puro rostro escrito

De azul en tu piel blanca

Que un gafe te despierte ¡Oh mi tierno ladrón!

Cuando lavas tus manos esas aves que vuelan

En torno a tu floresta de mi dolor cargada

Con dulzura desgajas el tallo de los astros

Sobre tu rostro en llanto.

Tu fúnebre despojo tiene actitud de gloria

Tu mano que lo aparta sembrándolo de rayos.

Tu jersey tu camisa y tu negra cintura

Extrañan mi prisión y estúpido me vuelven

Ante tu marfil bello.

IV

Noches en pleno día

Tiniebla de Pilorge

En vuestras negras curvas

Mi cuchillo lo forjan.

Dios heme aquí desnudo

En mi Louvre terrible

Reconocido apenas

Que tu puño me abra

Yo no soy sino amor

Arden todas mis ramas

Si oscurezco la luz

La sombra en mí recula.

Puede que en puro aire

Mi cuerpo se deshaga

Apoyado en el muro

Tengo el fulgor del rayo.

Se hunde el centro del sol

Con el canto del gallo

Pero jamás el sueño

Derrama sus figuras.

Sin fuerza ante el deseo

El silencio yo fijo

Cuando aves de fuego

Despegan de mi árbol.

V

DE damas que se cree son de esencia cruel

Sus pajes mensajeros llevan los atributos.

Se levantan de noche estos merodeadores

Y a un signo de sus dedos audazmente te vas.

Pues tal niño temblando en su veste de gracia

Fue el ángel enviado del que seguí confuso

El rastro luminoso de su loca carrera

Hasta esta celda donde su rechazo brilló

VI

Cuando quise cantar sin hacerlo en su clave

Enredada mi pluma en los rayos de luz

Con palabra aturdida estúpido caía

De cabeza llevado por este error al fondo

De su antigua costumbre

VII

Nada habrá de turbar esta eterna estación

Donde me hallo sujeto. El agua solitaria

Inmóvil me custodia y colma la prisión.

Por complacerte ¡Oh niño de una sorda belleza!

Continuaré vestido hasta el día en que muera

Y abandonando el alma a tu cuerpo sin cabeza

Encontrará en el mío una blanca morada.

¡Oh saber que tú duermes bajo mi pobre techo!

Por mi boca conversas y con mis ojos miras

Esta alcoba es la tuya y son tuyos mis versos.

Revive lo que quieras que yo monto la guardia.

VIII

¿Puede ser que tú fueses el demonio que llora

Detrás de mi muralla?

Devuelto entre nosotros más presto que un hurón

Mi canalla divina.

La suerte mata aún mediante nuevo óbito

Nuestros tristes amores

Pues eras todavía, no me mientas Pilorge,

Esas sombras robadas.

IX

El chaval que buscaba confundido entre tantos

Muerto está en su yacija solitaria cual príncipe

Vacilando a sus pies una gracia le calza

Y recubre su cuerpo de un leal estandarte.

En el dulzor de un gesto de que una rosa pende

Reconozco esa mano que a los muertos saquea.

Sólo tú haces tareas que repudia un soldado

Y entre aquéllos desciendes sin temor ni pesar.

Como tu cuerpo un traje negro enfunda tu alma

Y entretanto profanas la tumba señalada

Con el extremo de una cuchilla vas cortando

La línea de un enigma por el rayo alienado.

Te hemos visto surgir guiado por la locura

De coronas de fuego cogido por los pelos

En esta baba goteante y las rosas manchadas

Con los brazos dormidos de abrazarte tan fuerte.

Apenas regresado a traernos tu sonrisa

Desaparecían tan pronto que creí

Que tu dormida gracia había sin decírnoslo

Recorrido otros cielos a causa de otra faz.

De tu cuerpo bien hecho sobre un mozo que pasa

Entreveo el resplandor y le querría hablarte

Mas sólo un gesto suyo, sutil de él te tacha

Y te hunde en mis versos de donde no te irás.

¿Qué ángel ha permitido que a través de los sólidos

Pases sin ser notado y trizando los aires

Hélice delicada en la proa de un bólido

Que traza y destruye su precioso camino?

Contritos nos quedamos por tu rápida huida

Un deslumbrante giro te lanzaba a nosotros

Besabas nuestros cuellos y querías gustarnos

Y tu mano absolvía a estos cráneos rapados.

Pero ya no apareces, chaval rubio a quien busco.

Caigo en una palabra y te veo al revés.

Tú te alejas de mí un verso me echa un cable.

Y me pierdo a través de una zarza de gritos.

Para atraparte el Cielo montó trampas sublimes

Inéditas y fieras de acuerdo con la Muerte

Que vigila en lo alto de un invisible solio

Las cuerdas y los nudos sobre bobinas de oro.

Valiéndose del vuelo nupcial de las abejas

Devanando con maña los radios y los hilos

Tomo cautiva al fina a esta rosa prodigio:

Un rostro de chaval que de perfil se ofrece.

No me lamentaré por cruel que el juego sea

Un canto de pesar que revienta tus ojos

Se trastorna de verte por tanto horror ceñido

Y ese canto por siglos tu ataúd estremece.

Por los dioses sujeto ahogado por su seda

Has muerto sin saber ni cómo ni por qué

Triunfas de mis mas pierdes al juego de la oca

Donde intento forzarte, mi amante fugitivo.

Pese a soldados negros que besarán sus lanzas

No escaparás del lecho donde la férrea máscara

Yerto te inmoviliza y al erguirte de pronto

Te desplomas y vuelves al infierno otra vez.

X

Mi prisión bien amada en tu inestable sombra 

Descubrió mi mirada por descuido un secreto.

Tuve sueños que el mundo ignoraba

Donde se ahoga el espanto.

Tus lóbregos pasillos son meandros del alma

Y su masa de sueño organiza en silencio

Un ingenio que tiene del verso el parecido

Y el exacto rigor.

Tu noche hace fluir de mi ojo y mi sien

Una tinta tan densa que ella hará surgir

Estrellas floreadas como se ve de golpe

La pluma que humedezco.

Avanzo en un líquido negro donde complots

Informes al principio lentamente se fijan.

¿Qué auxilio pediré? Mis gestos se fatigan

Y son bellos mis gritos.

Nunca podréis saber de mi oscura destreza

Más que extrañas bellezas que el día hace surgir.

Los golfos a los que oigo tras sus miles giros

Al aire libre se unen.

Y envían a la tierra a un dulce embajador

A un niño sin mirada que señala su paso

Rompiendo tantas pieles que su alegre mensaje

Consigue su esplendor.

Y palidecéis de vergüenza al leer el poema

Que graba el muchachito de criminales gestos

Pero nunca sabréis los lazos primigenios

De mi pasión sombría.

Pues en su noche vagan con fuerza sus perfumes

El firmará Pilorge y su apoteosis

Será el claro cadalso donde broten las rosas

Bello efecto de muerte.

XI

Hizo el azar surgir el más inmenso azar

De mi pluma a menudo en lo íntimo del texto

La rosa con el nombre de Muerte que en brazaletes

Bordada en blanco portan los guerreros que adoro.

Qué jardín brotará del fondo de mi noche

Y qué penosos juegos se entablan que deshojan

Esta tronchada rosa que en el silencio asciende

Hasta la blanca página que acogen vuestras risas.

Más si yo no sé nada fijo sobre la Muerte

De tanto hablar de ella y en el más grave tono

Debe habitar en mi y aflorar sin esfuerzo

A la menor palabra que fluya de mi baba.

De ella nada conozco dicen que su belleza

La eternidad desgasta con sus poderes mágicos

Mas ese movimiento termina en el fracaso

Y muestra los secretos de un trágico desorden.

Pálida de moverse en un clima de lágrimas

Se aproxima descalza subiendo en bocanadas

A mi propio nivel donde ramos de flores

Me explican las ahogadas dulzuras de la Parca.

Y me abandonaré bella Muerte en tus brazos

Porque sé recobrar la exaltante pradera

De mi clara niñez y tú me llevarás

Cercal del extranjero de la verga florida.

Y armado de esa fuerza ¡Oh reina! Yo seré

El secreto ministro de tu escena de sombras.

Tómame dulce Muerte heme aquí preparado

En mitad del camino a tu villa sombría.

XII

Mi voz choca en palabras y del choque tú emerges

Al milagro tan presto como alegre a tus crímenes.

¿Quién se podría asombrar de que emplee mis colmillos

Para gustar a fondo el matorral del verbo?

Amigos que veláis para pasarme cuerdas

En torno a la prisión y en el pasto, dormíos.

No me importan ni vuestra amistad ni vosotros.

Conservo esta ventura que me otorgan los jueces.

¿Eres tú otro yo sin sandalias de plata

Salomé que me ofrece una rosa cortada?

¿Está sangrienta rosa al fin desarrollada

De su ropa es la suya o la testa de Juan?

¡Réspondeme Pilorge! Que se muevan tus párpados

Háblame de través canta por tu garganta

Cortada por tu pelo de tu rosal

Verbo a verbo mi Rosa penetra en mi plegaria!

XIII

Donde joven aún muero te amo prisión mía.

La vida de mi escapa enlazada a la muerte.

Su lento y grave vals es danzado al revés

Cada cual devanando sus razones sublimes

Y una a la otra opuestas.

Hay demasiado espacio ésta aún no es mi tumba

Es muy vasta mi celda y pura mi ventana.

En la prenatal noche confiando en renacer

Me dejo, existiendo para un signo más alto,

Explorar por la Muerte.

A lo que no sea Cielo clausuro para siempre

Mi puerta y no concedo ni un minuto amigable

Sino a rateros jóvenes en los mi oído espía

Con qué cruel esperanza que acudan en mi auxilio

Con su extinta canción.

No es mentira mi canto sin titubeo a veces

Es que rastreo lejos bajo mis hondas tierras

Y afloran a menudo con parecidas sondas

Los restos de un tesoro que fu inhumano vivo

Desde que existe el mundo.

Si me pudiese ver acodado en mi mesa

El rostro destrozado por mi literatura

Sabrías que me abruma también esta aventura

Espantosa de osar descubrir oro oculto

Bajo tanta carroña.

Una aurora jovial explota en mi mirada

Cual la mañana en que, una alfombra en las losas

Para apagar tus pasos a través de los dédalos

De sordos corredores, se extiende tu umbral

A las puertas del día.

 

 

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Poemas. Madrid. Visor libros. 2da edición. 1996. Págs. 29-50.

 (Fuente: La Mecánica Celeste)

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