lunes, 7 de junio de 2021

Mary Oliver (Maple Heights, Ohio, EEUU, 1935- Hobe Sound, Florida, 2019)

 

 

El fuego


Aquel invierno parecía que la ciudad
estaba siempre incendiándose — noche tras noche
ardían las llamas, sonaban las sirenas.
Chamuscados pero vivos, los vagabundos corrían
aullando por las calles heladas.
Aquel invierno mi mente había dado un vuelco,
dejando caer, como hojas, capas y capas de información —
hasta alcanzar, a través de la historia,
mi corazón inmóvil.
En aquel tiempo, ya estaba lista, pero tenía miedo.
Es decir, quería vivir mi vida
pero no hacer lo que debía hacer
para seguir, es decir: volver atrás.
Todo el invierno el fuego siguió ardiendo,
el humo se arremolinaba, las llamas crecían.
Empecé a maldecir, a tropezar, a ahogarme.
Todo, solemnemente, me conducía a eso —
al llanto, que siempre es tan difícil.
Después, sobre mi cabeza flotaba el techo al rojo vivo
mis pies eran pantuflas de fuego, mi voz
se golpeaba contra la verdad, mis puños
contra las llamas para encontrar la salida —
terrible, triste, mortal y tolerable
la puerta se abrió para siempre mientras yo ardía.
 
 
.
, El trabajo del sueño. Traducción: Natalia Leiderman y Patricio Foglia. Caleta Olivia. Buenos Aires. 2021.
 
 
 
(Fuente: Griselda García)

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