jueves, 10 de junio de 2021

Julio Flórez (Colombia, 1863 - 1923)

 

 

I

—Oye, musa, necesito
una gran pluma…
………….—¡Un cometa!
—Mucha tinta amarga
………….—¡El mar…!
—Un gran libro…
………….—¡El infinito…!
—¡Vengan!
………….—¿Para qué poeta?
—¡Para escribir mi pesar!

 

X

Tú no sabes amar: ¿acaso intentas
darme calor con tu mirada triste?
El amor nada vale sin tormentas,
sin tempestades el amor no existe.

Y sin embargo ¿dices que me amas?
No, no es amor lo que hacía mí te mueve;
el Amor es un sol hecho de llama,
y en los soles jamás cuaja la nieve.

¡El amor es volcán, es rayo, es lumbre,
y debe ser devorador, intenso,
debe ser huracán, debe ser cumbre…
debe alzarse hasta Dios como el incienso!

Pero tú piensas que el amor es frío;
que ha de asomar en ojos siempre yertos,
con tu anémico amor… anda, bien mío,
anda al osario a enamorar los muertos.

 

XXVIII

Como una águila fúnebre, fantástica y deforme,
la sombra de una nube se arrastra sobre el mar,
y el mar, eternamente palpitante y enorme,
no acierta a saber cómo
puede en su azul y gigantesco lomo
una mísera nube su silueta arrastrar.

Mas de pronto esa nube se ennegrece y se agita
y su sombra se agranda sobre el azul temblor;
ya es nubarrón obscuro, ya es noche que vomita
del abismo en el seno,
con el fragor terrible del huracán y el trueno,
es formidable boa del rayo asolador.

Y entonces el gran trémulo que su furor quebranta
contra las mudas rocas que intentan atajar
sus cóleras siniestras, retuércese y se espanta,
porque se explica cómo
puede en su azul y gigantesco lomo
una mísera nube su silueta arrastrar.

 

 

(Fuente: Buenos Aires poetry)

 

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