Ayer vacié el cuarto de mi hijo.
Me había dicho antes de lanzarse al mundo:
a la vuelta ya no viviré contigo.
Ayer en la distancia mi pulso fue firme guiado
por el pulso firme de su mano.
Esta remera si, mami
Esa dásela a quien más necesite.
Si al sombrero del abuelo
No al suéter estridente
Si a la ropa suave por el uso.
No a lo que no se va a extrañar.
El tema llegó a lo hora de los versos:
guardá todos los fragmentos de manera
que nada se pierda o se dañe.
Su pulso firme se volvió tenue en la distancia.
Mi mano tomó su mano de niño.
Corte la llamada porque me dolía
la cintura como aquel día
en que iba a nacer.
Quien pudiera tener una casa
que se expanda como yo me expando.
Una casa donde un cuarto no sea una fracción.
(Fuente: Grata palabra)
No hay comentarios:
Publicar un comentario