sábado, 11 de abril de 2026

Pablo Ananía (Rosario, 1942)

 

 

 

 

 

SÓLO QUIENES AMAN LA PALABRA SABEN

 

I.
No es el mío ni tierra ni pueblo.
No son los ojos como todos los ojos.
Perdida la razón en el mar de Ulises
naufragamos sin hallar el venero
de las lenguas.
 
II.
Dijo Pessoa: busco a Dios en mi modo,
el fondo de Dios es mi fondo.
No dijo: hundí todo mi ser, ese yo
sin destino, en la nada de Dios.
 
III.
Hacé vos la vida, el Verbo. Que sea humano el poema.
Hacé de la lengua la materia del poema,
esa mística unión del cielo con la tierra.
 
IV.
¿Qué da el amor? ¿Es nada? ¿Sólo la voz del aire?
¿Un trozo aislado de música o estos temblores,
mortal dulzura en mi mente umbría?
 
V.
Constante divagar de la mente.
Porción de tiempo que en nada
se disuelve hasta que arranca
de las tinieblas el inmutable sabor del alma.
 
VI.
Pasa el río y lo perdés de vista.
Un lugar de ajenidad en el que es bueno sumergirse,
ser otra, otro, permitirse la alegría del naufragio.
 
 
 
(Fuente: Alicia Silva Rey) 
 

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