Al Cardenal Zuppi le llevó siete horas leer los nombres de más de 12 mil niños asesinados en Gaza
sin saber que en ese momento
se congregaron en el lugar donde comienza el silencio humano
todos los fusilados del mundo,
y Lorca volvió a escribir: “la muerte puso huevos en la herida”.
y regresaron de las llamas los libros y las mujeres “poseídas”,
y volvieron a reírse los muertos del ejército al que han llamado vencedor
y se presentaron aquellos que el hambre devoró,
y el viento del dolor trajo las palabras del idioma desaparecido
que servían para hacer amanecer la verdad dormida
y retornaron las lluvias que les robaron a los encerrados,
y regresaron los arrojados de los aviones, de la historia, de la memoria,
y todos los juguetes huérfanos se hicieron presentes.
El Cristo regresó al martirio en la cruz,
pero al tercer día volvió a decirles no
a los dueños de la muerte.
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