Santo Domingo
Dime tú, noble ciudad,
¿qué desgracia te ha cabido?
A España le habéis servido
constante, y firme es verdad.
¡Pues por qué tantos lamentos!
¿Adónde están tus contentos?
¿Adónde está tu alegría?
¿Quién te puso en este día
entre indecibles tormentos?
Contesta la ciudad:
El diez y ocho de octubre
las cuatro el reloj tocó
y en un bando me descubre
que ya el rey me abandonó.
¿Quién jamás se persuadió
que siendo yo la Primada
ciudad la más celebrada,
como rosa entre las flores,
me quitaran los honores
con que me vi tan honrada?
A lo que el poeta responde:
(…)
Triste ciudad, desgraciada,
tus penas yo considero,
y aunque consolarte quiero
no puedes ser consolada.
(Fuente: León Félix Batista)
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