sábado, 4 de abril de 2026

Jhak Valcourt (Ayití)

 

 

 

barco de papel

 

Et l’exil du temps est plus

Impitoyable que celui de l’espace.

Mon enfance

me manque plus cruellement que mon pays.

Dany Laferrière

 

en el tejado

dientes de lluvia mastican nostalgia.

el niño se asoma,

mira su barco de papel,

llevado por la riada de la cloaca.

llora.

no sabe que su llanto viene de lejos.

tan lejos como el futuro.

pero empieza a vislumbrar la añoranza de ese tiempo:

el barco que nunca volverá

el olor a cubanelle de la tierra mojada

la lagartija y el colibrí

que se deslizaron rendija adentro

esquivando el chubasco…

no obstante

sigue creyendo que su llanto es por el juguete.

 

¡oh, niño!

tus lágrimas son por otras cosas

que siempre se te escurrirán de las manos.

 

crecer es inevitable:

mudarse de una era precisa

y saber que algún día

esta parte de tu vida

o esta vida de tu parte

habrá de quedarse atrás,

en algún rincón de la memoria y tú,

niño,

tendrás que marcharte, creciendo,

dejando atrás el corazón

que la lluvia obliga a crecer

entre guijarros.

 

 

II

exilio de la infancia

Ici, c’est toujours avec un cadavre qu’on salue l’aube.

Jessica Nazaire

 

nos han exiliado de la infancia,

de correr descalzos y desnudos

bajo la lluvia

de andar los montes

en busca de frutas y aves

de los tirachinas

los juegos de canicas

los quinqués de luciérnagas…

 

islas del silencio

y la candidez.

 

nos cambian muñecas,

carros de plásticos y legos

por martillos, cajas de limpiabotas y fusiles.

un “abajo la miseria” entre la lengua y el paladar.

el hambre florecida en las costillas

y salir por las calles hediondas

asfaltadas de vísceras

esquivar cadáveres

en busca de un cielo de rayuela.

 

difícil la niñez

cuando el hambre y la calle

son canciones de cuna.

 

¿cómo esconderse

en los versos de un poema

sin puertas de salida?

¿cómo huir,

despedirse,

cuando los adioses son de sangre y agonía?

 

 

III

vendaval de noticias

 

después de mucho tiempo,

he vuelto al vendaval de noticias:

holocausto de menores palestinos,

israel sigue hambriento

de cadáveres.

un pueblo llora sus muertos

clama,

cúmulo de heridos,

henry se acuna en los pezones del poder.

ucrania ha quedado enterrada

bajo escombros ardientes,

putin brinda por una tregua en gaza.

al menos 3.863 almas se extraviaron

en su odisea hacia europa,

el desierto ya no vomita polvo

sino harapos.

 

miles de almas dan vueltas en botellas,

que terminan en las costas de libia.

naufragio.

el mar ya no escupe olas,

sino migrantes,

y sus huesos son roídos

por animales famélicos.

nadie aún ha escrito un epitafio

en la fosa común de las fronteras.

 

en el parque nacional de zimbabwe

decenas de elefantes se sacian

con sus lágrimas.

los cangrejos ermitaños han cambiado las conchas

por caparazones de metal y plástico.

en chile

más de 26.000 hectáreas prenden sus velas,

haití se suma al rito de fuego.

nadie ha sabido distinguir

la mano de los pirómanos.

 

mientras tanto,

 

migración expulsa al infierno

a medio millón de haitianos.

la oim predica un éxodo humano y ordenado.

milei llora en el muro

de las lamentaciones de jerusalén.

a biden le preocupa el cáncer

del rey carlos iii.

a venezuela le duele la paz de cancerbero.

en la alfombra roja de los grammys, goyas y óscar,

los looks de las celebridades

han pasado por los anales de la historia.

 

en la alfombra roja de gaza

restos humanos desfilan

por los anales del corán.

 

el cristo sexy de salustiano

consterna a los españoles.

el papa francisco arremete contra la hipocresía

de los que se enfurecen

por la bendición

de parejas homosexuales…

y yo, en un cuarto que apesta a redes

que no son sociales

he vuelto a sucumbir

frente al vendaval de noticias.

 

 

IV

marcharse

 

Si el verano es lluvioso y triste…

si un velamen de alas salvajes lleva la isla hacia los naufragios,

si el crepúsculo ahoga el vuelo desgarrado de un último pañuelo

y si el grito hiere al pájaro

tu partirás…

abandonando tu pueblo,

su laguna y sus uveros amargos

la huella de tus pasos sobre la arena

el reflejo de un sueño en el fondo de un pozo.

Jaques Roumain.

 

marcharse.

¿será la palabra partera que asistió a mi nacimiento?

¿la que me estampó la palma en la nalga

y me arrancó aquel grito de vida

que aún llevo en mis viajes?

 

siempre lejos,

siempre de espaldas a mi nacimiento,

prófugo de mí mismo.

nacer es el destierro más amargo,

luego el exilio de la infancia.

 

y aunque duela,

aunque el celaje de la incertidumbre nuble el mañana,

hay que marcharse,

dejar de nuevo un trozo de sí en cada lecho,

en cada toalla que nos lamió las lágrimas,

en cada libro de cada biblioteca,

en cada parapeto por donde

en las tardes de otoño

miramos desfilar a los vendedores ambulantes,

los pregoneros de frutas,

las muchachas…

un trozo que jamás recuperaremos.

 

pero de tanto marcharse,

de tanto abandonarse en cada rincón,

en cada recoveco del viaje

¿cómo es posible que quede aún algo de ti?

esta sobra,

siempre dispuesta a marcharse de nuevo

porque ni a ti mismo te perteneces.

 

hubo un tiempo en que sí,

era placer,

un éxtasis de sentirse un átomo

que encaja en cualquier parte del universo.

pero luego,

empiezan a perderse los pedazos

que ni siquiera crecen en los lugares

por donde se desprenden;

y después las heridas,

que jamás se curarán.

entonces sí,

las idas empiezan a hacerse notables,

luego el miedo a lo desconocido,

a los parajes aún por peregrinar,

al mañana,

el miedo a quedarse solo

solo con el alma

solo sin el alma.

estar entre la gente sin ser gente.

vivo sin vida,

vivir en lo que un día fuiste,

en los recuerdos,

en el olvido,

en la inevitable invisibilidad

y los laberintos del karma…

 

pero, ¡cuánto duele marcharse!

 

 

V

miguel no se acuerda de mí

 

conocí a miguel

en un restaurante chino.

se me acercó

porque no tenía para comer.

yo, apenas tenía para un chow fan.

pedimos otro plato vacío.

compartimos.

miguel era limpiabotas.

yo, estudiante de bellas artes.

miguel tenía 16

yo, 25.

miguel me contó su vida,

la misma de todos los limpiabotas.

yo le conté mi día,

el mismo de todos los estudiantes de bellas artes en rd.

 

en agradecimiento

miguel me ofreció una limpieza.

lamentablemente

yo tenía una chancleta.

la despedida de miguel fue excepcional.

¿sabes lo que hay ahí arriba?, me dijo.

no, le dije.

un hotel, me dijo.

¿y…?, le dije.

con 500, follas hasta eyacular tu alma.

 

volví a ver a miguel años después.

dos veces más grueso que yo

vestía a la diáspora.

era un chulo envidiable

deseable.

zonacoloniaba turistas.

yo seguía siendo estudiante de bellas artes.

miguel no se acordaba de mí.

 

la última vez que volví a ver a miguel

era dos veces más flaco que yo

yo no había subido ni bajado una libra,

moría en un cuarto de hotel chino

dicen que murió de la misma enfermedad

de los niños limpiabotas:

de turismo.

miguel tenía 21.

yo, 32.

 

 

VI

tumba de rosas negras

esta noche

el cielo nos niega una vez más

su ración de luz.

en nuestras lámparas humeadoras

solo queda pobreza.

por eso,

la oscuridad se traga nuestras chozas.

 

aquí,

es siempre al alba que la noche nos alcanza.

noches carmesí,

hechas de balas, cadáveres y hambre…

¡el hambre!

nos nieva el hambre en las entrañas.

es el calvario que escalamos de espaldas.

y para evitar que nos chupe los huesos,

en la escuela,

nos enseñan a reciclar la saliva,

a remendar nuestras tripas rasgadas,

y ya solo crecen yuyos

en la parcela de nuestra vida.

 

“tarde o temprano, la noche se irá”

es el mantra de mamá, que,

por cierto,

no sabe leer ni escribir.

para ella,

el mundo solo tiene 30 años.

¿cómo explicarle que solo nosotros

hemos vivido 218 años de oscuridad?

¿cómo decirle,

si la infancia es una tumba

donde solo crecen rosas negras,

que aquí,

en los pezones de la miseria

estamos solos en la gran noche?

 

el levante malparió.

el designio de dios para la isla ha fracasado.

somos la tachadura de un pueblo mal soñado.

¿quién nos esbozará un camino en el desierto?

¿quién nos exhumará de estos escombros?

 

los perros ladran,

la caravana pasa

pero en port-au-diable

las balas son perros

y las almas deambulan.

 

—-

Jhak Valcourt (Ayití). Escritor, traductor, artista plástico, docente y gestor cultural. Autor de la novela El vaivén de las horas (Santo Domingo, 2021, 1ra edición; Sultana de Lagos Editores, Venezuela, 2023, 2da edición); el libro de cuentos Grietas (Santo Domingo, Luna Insomne Editores, 2022) del cual se han escogido dos cuentos para la sección “Conexión Derek Walcott” de la Revista Trasdemar; y el libro de poemas Cuando callan los ríos (Puerto Rico, Editorial Pulpo, 2024). Ganador del tercer lugar del Premio de Cuentos Juan Bosch 2019, organizado por la Fundación Global, Democracia y Desarrollo con el cuento “Quiero vender este reloj”, publicado en Malas palabras y otros cuentos (Santo Domingo: Editorial Funglode, 2020); Tercera Mención en el Renglón Cuento del XX Concurso Literario Alianza Cibaeña. Escribe una columna cultural en el periódico Acento. Textos suyos han sido publicados en las revistas ¿Cómo así? (República Dominicana), Trasdemar (Islas Canarias, España), Literatur.review (Alemania), Candela Review (Cuba). Textos suyos han sido adaptados al teatro, como “No me olvides”, dirigido por el mismo autor e interpretado por James Alquintor, y Margaret Sosa; y “Hoy he conocido a un hombre”, dirigido por Gordimy Jean, e interpretado por el actor Emilio Bencosme. Ha colaboradora en las películas “The exorcist, Believer”, como consultor cultural; en “July 7”, y en el corto metraje “Depeyize”. Es miembro fundador y presidente del Kolektif Mapou.



 

 

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