miércoles, 1 de abril de 2026

João Cabral de Melo Neto (Recife 1920-1999)

 

 

 

João Cabral no Senegal 

 


 
El perro sin plumas
Paisaje del Capibaribe I
 
La ciudad es atravesada por el río
como una calle
es atravesada por un perro;
una fruta
por una espada.
 
El río unas veces parecía
la lengua mansa de un perro,
otras el vientre triste de un perro,
otra el otro río
de acuoso paño sucio
de los ojos de un perro.
 
Aquel río
era como un perro sin plumas.
Nada sabía de la lluvia azul,
de la fuente color de rosa,
del agua del vaso de agua,
del agua del cántaro,
de los peces de agua,
de la brisa en el agua.
 
Sabía de los cangrejos
de lodo y herrumbre.
Sabía del fango
como de una mucosa.
Debía saber de pulpos.
Sabía seguramente
de la mujer febril que habita las ostras.
 
Aquel río
jamás se abre a los peces,
al brillo,
a la inquietud de la navaja
que hay en los peces.
Jamás se abre en peces. 
 
Se abre en flores
pobres y negras
como negros.
Se abre en una flora
sucia y más mendiga
como los mendigos negros.
Se abre en manglares
de hojas duras y crespas
como un negro.
Liso como el vientre
de una cachorra grávida,
el río crece
sin estallar nunca.
Tiene, el río,
un parto fluente e invertebrado
como el de una cachorra. 
 
Y jamás lo vi hervir
(como hierve
el pan que fermenta).
En silencio,
el río arrastra su fecundidad pobre,
grávido de tierra negra.
 
En silencio se da:
en capas de tierra negra.
En botas o guantes de tierra negra
para el pie o la mano
que hunde.
 
Como a veces
pasa con los perros,
parecía el río estancarse.
Sus aguas fluían entonces
más densas y lentas;
fluían como las ondas
densas y lentas
de una cobra.
Él tenía algo, entonces,
del estancamiento de un loco.
Algo del estancamiento
del hospital, de la cárcel, de los asilos,
de la vida sucia y pesada
(de ropa sucia y pesada)
por donde se vino arrastrando.
 
Algo del estancamiento
de los palacios corroídos
comidos
por el moho y el musgo.
Algo del estancamiento
de los árboles obesos
que chorrean los mil azúcares
de los comedores pernambucanos,
por donde se iba arrastrando.
 
(Es en ellos,
pero de espaldas al río,
que “las grandes familias espirituales” de la ciudad
empollan los huevos gordos
de su cháchara.
En la paz redonda de las cocinas,
están viciosamente revolviendo
sus calderas
de pereza viscosa.)
 
¿Sería el agua de aquel río
fruta de algún árbol?
¿Por qué parecía aquélla
un agua madura?
¿Por qué sobre ella, siempre,
iban a posarse las moscas?
 
Aquel río
¿saltó alegre en alguna parte?
¿Fue canción o fuente
en alguna parte?
¿Por qué entonces sus ojos
venían pintados de azul
en los mapas?
 
 
Traducción: Agustina Roca
 
 
João Cabral de Melo Neto (Recife 1920-1999). Publicó su primer libro de poesía Pedra do sono en 1942, a partir de ahí continuó su trayectoria poética publicando más de 10 libros de poesía, entre ellos O engenheiro (1945); O cão sem plumas (1950), O rio (1954); Morte e vida severina (1966). La Editora Nova Aguilar publicó su Obra completa en 1994.
Recibió numerosos premios, entre ellos, el Prêmio Olavo Bilac, de la A.B. L. 1955; Prêmio de Poesia del Instituto Nacional do Livro; Prêmio Jabuti; Prêmio Bienal Nestlé, por el conjunto de su Obra; Prêmio Camões, 1990; y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 1994.
Su poética instaura un criterio estético inédito en la poesía del Brasil. Repetía: Soy un poeta intelectual, no uno lírico. Soy un poeta constructor, constructivista, y no un poeta espontáneo. Para mí la poesía no es una válvula de escape, es el deseo de construir algo que no tenga nada que ver conmigo. Así configura un nuevo perfil de la lírica, “al despojar el poema, como dijo el crítico Alfredo Bosi, de trazos superfluos y cadencias sentimentales".
João Cabral, así, a secas, como le dicen en Brasil, ha sido, y es, un eslabón fundamental dentro de la poética brasileña del siglo XX. Él sobresale como el poeta objetivo, contenido en su dicción, en su técnica y abre el campo para una búsqueda de normas que no existía en la poesía brasileña. Instaura el camino de la expresión directa, rigurosa, con una exigente economía verbal. No en vano todos los movimientos posteriores, entre ellos el concretismo, lo reconocen como a un maestro. El nombre de João Cabral sirve de puente para unir el pasado inmediato con las nuevas experiencias. Augusto de Campos, uno de los creadores de la poesía concreta, dice del poeta de Recife: Es un arquitecto del verso, construye su poema a golpes de vidrio y cemento.
 

(Fuente: Agustina Roca) 

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