EXILIADA
Yo también fui
una aurora disidente
con el pecho extasiado
en sus afanes,
a contra viento,
antes de sobrevivir
al veneno de los falsarios,
de tropezar con la piedra
de sus muecas y traiciones.
Oscura legión
bajo disfraz de corderos.
Hueste de rostros sin mirada.
Después nunca más
pude sonreír inocente.
Se me murió la piel
de aquellos días,
mudé de historia y nombre
para no ser alcanzada
por la ferocidad de sus fauces,
perderle pista a esa jauría hambrienta
de poder, condecoraciones
y vanas presunciones.
Transité nómada,
solitaria, desterrada,
con un rostro distinto
por cada rumbo.
Y mi palabra
fue la única patria
para edificarme
un hogar de ternuras
y diminutos asombros.
Mujer de liviano equipaje,
cuya única propiedad
es la sombra bajo sus pies;
lo demás, dominio del humo.
Hoy no tengo cielo ni asilo;
pero nunca pertenecí
a quien pretendió imponerme
-con señuelos- cadenas,
ni me doblegué
ante quien para hacer alarde
quiso adueñarse de mis alas
y cercenar mi vuelo.
Mi libertad es mi paz,
ganada a los que teniéndolo todo
olvidaron la abundancia de su nada.
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