PARENTESIS PARA TIEMPOS INCIERTOS
Pausa.
Pausa serena que se dibuja bajo una roca
que emana perfume de mujer.
Pausa que se marchita entre las manos del alfarero
que pierde la figura del barro que moldea.
Pausa.
Pausa con sexo salvaje que se presenta entre las 10 y 12 de la noche,
como orgasmo matutino para antes del trabajo,
como solo de guitarra que suena como gemido salvaje,
como pasantía de cuerpos que recobran el eros indómito.
Pausa.
Pausa para recuperar el aliento
y marchar sobre los cráneos de los vencidos,
respirando aromas de rosas negras
que se dividen entre verbos y sustantivos.
Pausa.
Pausa.
Pausa.
Pausa que se divide entre oración y fe.
Pausa que se divide entre vida y muerte.
Pausa que se divide
entre tu adiós y mi negligente memoria
que se resiste a perderte.
ALONE
Soledad,
partitura silenciosa,
morado penitente que emerge religiosamente.
Soledad,
palabra aguda que se impregna
en los tímpanos de un hombre sordo.
Aquel que no le interesa ver,
que no le importa que Dios lo juzgue.
Soledad,
penitencia que avanza por el sendero
surcado con rosas amarillas.
Esperanza, falsa esperanza
que se presenta al mediodía.
Soledad,
palabra aguda que mata,
que mata el alma.
UN CAFÉ FRÍO SOBRE LA MESA
En la radio suena The Winner Takes It All
y un gato ronronea en aquel sofá que queda.
Los fantasmas se bañan en la ducha
y bajo las tablas hay muertos que cantan.
En el espejo la marca de tus labios
y las sábanas las huellas de tu perfume.
El rojo carmesí que llama desde el cajón
para recordar la tesitura de tus labios.
Y el sonido de tus pasos
acercándose a la puerta.
La emoción del corazón que se despierta
ante un silencioso paso que se acostumbra
a la soledad que emana cada madrugada
cuando la ansiedad se manifiesta.
Ahí, en la mesa, el café frío que te espera.
Que te espera en silencio
con un radio que repite la misma canción
hasta que la volvamos a cantar los dos.
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Fuente: Revista Innombrable
(Fuente: Oscar Vicente Conde)
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