DE FANTASMA Y MONUMENTO
Fantasmas
Se quedan sin esbozo
dos payasitos de semáforo, hermanos,
dando tumbos a las once de la noche;
un perro callejero,
el cadáver de un perro callejero arrumbado en la carretera
los cachorros famélicos de un perro callejero;
las tribulaciones posibles de la hermosa quinceañera
en una fotografía blanco y negro;
los retratos de familiares ausentes,
víctimas de secuestros sin resolver;
la dama que cometió la bajeza
de meterse en la fila del súper
sólo por llevar sombrero;
el loco de la cuadra que me gritó aquella tarde
para exorcizar sus demonios;
los vecinos de las drag queens
hartos ya de sus tacones,
en el fondo celosos de su belleza;
un padre peleando por teléfono
con la madre de su hija
(la niña que atestigua indiferente los insultos
pues los considera frases cotidianas);
las dos amigas que lloran
tomadas de la mano
al asistir a su primera marcha;
una crónica de cómo se conoció la pareja
que hoy festeja su trigésimo aniversario;
el poema de Crystal, una mujer trans
que en el documental sobre la búsqueda
de un poeta perdido
dio una conmovedora entrevista
sobre su propia desaparición;
el poema de Lorenzo, un vagabundo
al que le dio un ataque de epilepsia
frente a un lujoso restaurante;
las canciones favoritas del argentino que vende discos;
los relatos secretos de los ganchos
que aparecen en la acera.
Se quedan todos ellos en potencia:
flotan en un universo reprimido,
el basurero de los borradores, las tachaduras,
el cajón de lo que no se escribe;
duermen, esperan su turno, se aburren, se esfuman
tal vez por mi falta de osadía,
porque no pude encontrar las frases exactas
para capturarlos, entender mi necesidad
de significar sus rostros, sus silencios; de allanar
los abismos
que hunden cualquier diálogo posible;
porque no supe cómo trazarlos
sin cometer atropellos:
porque me dicen que la descripción es fría,
que mi imaginación tiende a ser redentora,
que al caracterizar se corre el riesgo de costumbrismo;
porque la poesía no tiene por qué
salvar a nadie.
Sí, todo esto es cierto: aquí estoy, llena de vicios,
de privilegios, una conciencia parcial,
una empatía que no se logra siempre;
aquí estoy, autodenominada testigo, poeta,
tratando de representar justamente
a los otros, y con permiso de quién;
pero que conste en este verso que eso no interesa:
la primera persona sale sobrando, sobro yo;
que conste aquí
que la carne siempre ha sido carne, las mujeres, los señores,
la infancia, la vejez, los animales; los sentimientos que provocan
existen, y las contradicciones y los espejos
y las preguntas que suscitan también,
con todo y sus distancias kilométricas, espaciales, emocionales;
para qué negarlas, ahí están, vamos a verlas;
las confrontaciones y los cuestionamientos y las clases,
las lenguas y dialectos, la discriminación, la catarsis, el perdón
entre ellos se entretejen; son la red que sin quererlo nos enlaza
a quienes vivimos en este país, de punta a punta,
atravesados por los seres que no vemos, que elegimos no ver,
deliberadamente ignorados día a día;
somos los otros, los fantasmas de los otros,
sólo figuras, extranjeros de si mismos
preguntándonos por qué y para qué.
Michelle Pérez-Lobo
Fantasma y monumento
Ediciones Liliputienses
(Fuente: Papeles de Pablo Müller)

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