viernes, 24 de abril de 2026

Michelle Pérez-Lobo (Ciudad de México, 1990)

 

 

DE  FANTASMA Y MONUMENTO

 






Fantasmas



Se quedan sin esbozo

dos payasitos de semáforo, hermanos,

dando tumbos a las once de la noche;

un perro callejero,

el cadáver de un perro callejero arrumbado en la carretera

los cachorros famélicos de un perro callejero;

las tribulaciones posibles de la hermosa quinceañera

en una fotografía blanco y negro;

los retratos de familiares ausentes,

víctimas de secuestros sin resolver;

la dama que cometió la bajeza

de meterse en la fila del súper

sólo por llevar sombrero;

el loco de la cuadra que me gritó aquella tarde

para exorcizar sus demonios;

los vecinos de las drag queens

hartos ya de sus tacones,

en el fondo celosos de su belleza;

un padre peleando por teléfono

con la madre de su hija

(la niña que atestigua indiferente los insultos

pues los considera frases cotidianas);

las dos amigas que lloran

tomadas de la mano

al asistir a su primera marcha;

una crónica de cómo se conoció la pareja

que hoy festeja su trigésimo aniversario;

el poema de Crystal, una mujer trans

que en el documental sobre la búsqueda

de un poeta perdido

dio una conmovedora entrevista

sobre su propia desaparición;

el poema de Lorenzo, un vagabundo

al que le dio un ataque de epilepsia

frente a un lujoso restaurante;

las canciones favoritas del argentino que vende discos;

los relatos secretos de los ganchos

que aparecen en la acera.


Se quedan todos ellos en potencia:

flotan en un universo reprimido,

el basurero de los borradores, las tachaduras,

el cajón de lo que no se escribe;

duermen, esperan su turno, se aburren, se esfuman

tal vez por mi falta de osadía,

porque no pude encontrar las frases exactas

para capturarlos, entender mi necesidad

de significar sus rostros, sus silencios; de allanar

los abismos

que hunden cualquier diálogo posible;

porque no supe cómo trazarlos

sin cometer atropellos:

porque me dicen que la descripción es fría,

que mi imaginación tiende a ser redentora,

que al caracterizar se corre el riesgo de costumbrismo;

porque la poesía no tiene por qué

salvar a nadie.


Sí, todo esto es cierto: aquí estoy, llena de vicios,

de privilegios, una conciencia parcial,

una empatía que no se logra siempre;

aquí estoy, autodenominada testigo, poeta,

tratando de representar justamente

a los otros, y con permiso de quién;

pero que conste en este verso que eso no interesa:

la primera persona sale sobrando, sobro yo;

que conste aquí

que la carne siempre ha sido carne, las mujeres, los señores,

la infancia, la vejez, los animales; los sentimientos que provocan

existen, y las contradicciones y los espejos

y las preguntas que suscitan también,

con todo y sus distancias kilométricas, espaciales, emocionales;

para qué negarlas, ahí están, vamos a verlas;

las confrontaciones y los cuestionamientos y las clases,

las lenguas y dialectos, la discriminación, la catarsis, el perdón

entre ellos se entretejen; son la red que sin quererlo nos enlaza

a quienes vivimos en este país, de punta a punta,

atravesados por los seres que no vemos, que elegimos no ver,

deliberadamente ignorados día a día;

somos los otros, los fantasmas de los otros,

sólo figuras, extranjeros de si mismos

preguntándonos por qué y para qué.




Michelle Pérez-Lobo

Fantasma y monumento


Ediciones Liliputienses

 

                  (Fuente: Papeles de Pablo Müller)

 

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