Flash
Es el hombre más veloz de la tierra. Ir de una punta
a otra de la noche le toma un paso, un parpadeo. Corre
con ventaja: sabe que es inalcanzable. ¿No es un don
tener el corazón como un dínamo, los músculos elásticos
y arrestos de leopardo?
Verlo correr es privilegio de pocos. De lejos
parece un mundo, una pelota; y solo un ojo
fino y entrenado, puede reconocer a la carrera
un pie, un codo, una muñeca.
Sobre él cuentan proezas –dicen– a su paso la noche parece detenida.
Hace del río agua estancada; del sol, una moneda.
Una noche, de su corazón salieron deseos. Y oyó,
oyó el mar, el batir moroso de espuma sobre rocas
bajo un cielo espeso, cargado de vapores.
Desvanecida la visión el héroe cayó dormido,
el finísimo traje carmesí descolorido
por el sol de la mañana.
Ahora se mueve por la casa
vacía, lo han despreciado, ya no lleva
dos alas en su espalda, sostiene un vaso y se muere
por mostrar lo que ha aprendido. Así
imagina que hay alguien a su lado. La lleva, la trae
del brazo hasta el sillón, toma un libro del estante,
lo abre -las figuras con el dedo señaladas-
y dice: "Esto es un pez; esto,
una jirafa".
(selección de Marcelo D. Díaz)
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

No hay comentarios:
Publicar un comentario