ARTE POÉTICA
¿Es otra la alegría?
Por las veredas ardientes de pronto me estremezco
de mi armonía en este instante.
¿Qué atentado lúgubre arroja al equilibrio de su
claro destino?
¿Qué mecánica de orden inclemente y perfecto sonido,
qué irrupción metálica de golpe nos devuelve
a la sombra de las canallas herencias de sol negro?
Tiembla al asilo de la vida.
Virtuoso bebedor del agua del diamante, tiéndete
a bramar contra el enorme globo rojo de la idea.
Ese tambor de sangre es tu país.
APARICIONES
El agua exorbitante está en mi boca.
No quisiera despertar nunca de la extrema
delicadeza que hierve en los depósitos de los grandes
inviernos.
Potrillos de oro sanguíneo y asombrado. Más altos
que el invierno.
Un día llueve, y al siguiente, el invierno luminoso
es cálido. ¿La lluvia? Tétrica, pero rica, no pervertida.
Este invierno he descubierto que hay palmeras
celestes. Extrañas. con una ferocidad solar y lunar.
Y sin nombre.
El perfume del mar vuela sobre las Estaciones:
¡temperaturas para toda la vida!
El mar, mi gran linterna de esmeralda.
Esas palmeras engarzadas, esas palmeras hechas
joyas entre sí.
Las lejanías de cristal: entre los brazos de la vida.
El sol te sangrará, esbelta caridad del Infierno.
El clima me domina, el clima me domina. Por el
clima creo en le agua.
Oh coraje y transparencia y peso y brutalidad
celeste del invierno en enero.
Cómo se descuelgan los monos para crecer y beber en
el color sagrado del estero, mientras duermo mi
sueño brillante,
cautivo del estero.
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(Fuente: Cecilia Pontorno)
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