X + Y: una oda
An refert, ubi et in qua arrigas? Suetonio De haber nacido mujer, ya habría dado a luz siete hijos de nueve hombres distintos. Ahora, vivo entretenido con las teorías que explican mi gusto por olores específicos, cierta distribución de pelos en las piernas ajenas, el cabello en la nuca y en el pecho sin senos, aunque aprecie ciertas glándulas mamarias de muchachos y chicos con aquella dosis saludabilísima a mis ojos de hipertrofia. Medito sobre las conjeturas de terapeutas, los relatos de una Persona partida, Edipo desnutrido, sin modelo en la infancia de un legendario Layo ejemplar, lanzándome a una supuesta búsqueda, entre amantes, de mí mismo. Intenté, sin el menor éxito, durante días inducirme la erección delante del espejo. Concluí que mi ego no era tan eréctil. Oí con atención la fórmula del padre ausente y la madre dominante generando reinas de bastos, espadas y copas laxas y locas, pero, a pesar de mi historia de progenitora histérica y procreador estoico, mis hermanos con sus prepucios tan precipitados delante de los clítoris echan a perder la estadística. Leí todos los reportajes sobre la posible queerness en la boutique del código genético, esa kermesse de las afinidades seducidas, y me reí con el amigo que cierta vez, en broma, me llamó dispositivo biológico de una Naturaleza estresada, medicando el hipercrecimiento de la población. No mentiré diciendo que no temo y tiemblo con el peligro del infierno. Llegué, sin embargo, a la conclusión de que mi pasaje solo de ida al Hades no se da por la inclinación algo obcecada de mis genitales por el carácter heterogéneo de vuestros gametos. De haber nacido hembra, ya hubiera dado a luz once cachorros de trece machos diferentes, y, como puta, asegura el Vaticano (y también Hollywood) no se conoce ascensión, tan solo caída. Por lo tanto, poeta, pederasta y puta, sigo con mis ojos por la calle a cada portador de esta combinación gloriosa de cromosomas X e Y, llámense Chris o Absalón, con sus proporciones espaciadas entre los agujeros del cráneo, la línea que se forma entre orejas y hombros, las alas de sus omóplatos y la cofia de los rotadores, las simetrías volubilísimas entre las extremidades excitantes y excitables como nariz, pene y dedos, el número de pelos entre el ombligo y el nido púbico, el formato de los dientes y sus reflejos en diámetro en los pies y sus uñas. Si andan como comen, si bostezan como ríen, si beben como tosen, si follan como bailan. La absoluta falta de misterio en algunos de ellos, incapaces del famoso disimulo de ciertos personajes literarios femeninos del siglo XIX. En ellos, es oblicua solamente la ocasional erección inconveniente. Me constriñen estas confesiones, pero cedería ciertos derechos políticos por algunas de esas crestas ilíacas ya presenciadas en playas, al sol, y cambiaría una ida a las urnas este invierno por esta u otra nuca. Y mira cómo el planeta insiste en la demostración empírica de esa abundancia de músculos y sus reflejos cremastéricos: en este exacto momento, mientras escribo este textículo, entra en el café, en pleno Berlimbo, uno de esos ejemplares de chico torpe y zurdo, la gorra cubriéndole medio rostro, prototipo de barba y bigote, pantalones que me catapultan a fantasías con skateboards como props, cejas cual caterpillars sitiando los ojos con promesas de delicias y desfachatez épicas. Sus bambas son beige; al quitarse el jersey, se ve su escala de Tanner. Su Calvin Klein. Beige quedo yo, adivinando qué piel cubre sus rodillas, sus talones. Sueño el sexo biónico y homérico, algo entre Aquiles y Patroclo, interpretados en nuestro mundo por Brad Pitt y Garrett Hedlund, potros salvajes como búfalos o bárbaros. Y este mundo está llenísimo de esas distracciones casi sádicas para mi masoquismo voluntarioso en vicio, que impiden que componga mi Divina Comedia, mi Paradise Lost. Perdone, Sr. Canon, esta mi tosca y parca contribución lírica a la cosecha de sus contemporáneos, pero no me catalogue entre las farsas, sátiras. Pues no es, resumo, culpa de las masificaciones capitalistas esta mi attention span poco renacentista, sino de esta explosión de cántaros plenos de testosterona púber que van y vienen por los espacios públicos. Cuando pasan, bocados deliciosos, finger food en arrogancia cocky y garbosa, murmuro en la cavidad hueca de la boca: “Deberían estar prohibidas sus exageraciones de belleza”. Mi fin será en estos baretos de Berlimbo, colmándome de café negro y esperando sus ocasiones para escribir poemas que os celebren, actores principales de este largo film porno en que me vi concebido, creado y expelido, coadyuvante contento y doblado. Os agradezco la oportunidad de hacer del adverbio sí una interjección obscena. A los otros, juro que no se trata de encomio, jactancia o loa. Si yo quisiera hacer apología, a lo mejor diría que hay más elegancia en “Sé mi erómeno y yo seré tu erastés” que en, al pescuezo, “Mí Tarzán, tú Jane”. No busco nuevos adeptos que me hagan competencia. Boys will be boys, hay quien diga, y, claro, no voy a decir que espero de todo chico que sea de Chirico o Beuys. Habrá momentos de caza y rendición felices, las pocas veces de suerte en que seremos camareros de algún chico pasolínico, con quien se podrá, al final, hacer el cama-supra, sesenta-y-nueve y entonces discutir en el postcoito otros conceptos entre guiones al son de Cocteau Twins, enumerar las guitarras de 1969, nuestro horror a Riefenstahl, la obsesión por Fassbinder, y ojalá sentir en medio de tal loa una nueva erección perforando las telas entre los pliegues del edredón mientras leemos poemas de Catulo, Cavafis. Cuando lleguen los bárbaros, me encontrarán en la cama; que vengan, sin embargo, armados, pues he de estar acompañado, y en ristre nuestras lanzas.
BONUS TRACK: LARGA VIDA A LA POESÍA PURA
a Ezequiel Zaidenwerg
Escucha bien, nosotros, poetas aguados,
caminamos hoy
entre plantas de nombres
muy bien catalogados,
pero que desconocemos,
y así muchas veces confundimos
nomeolvides y lágrimas de amor
llamamos miosotis a la russelia
y tomamos con frecuencia
por milamores a la gloriosa.
Yo, por mí, preferiría
saber distinguir entre la menta
y la melisa, ésta y la manzanilla
para salvarme de resacas quizá
llegando de antros y fosas malsanas
donde chicos esbeltos, longilíneos
como anguilas, sostienen los limones
nada luminosos
de una ex-caipiriña o tequila.
He aquí mi acción
de gracias,
poetas laureados, queridos
antepasados cosmopolitas
del último siglo,
vuestra pureza de lenguaje
nos ha salvado
de esos incómodos detalles,
llegamos por fin al universal,
y zorzal, gavilán o mirlo,
cantamos ahora
apenas ave
abstracta en la rama
de un árbol
que no sabemos nombrar.
(traducción de Aníbal Cristobo)(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

No hay comentarios:
Publicar un comentario