Pálido cielo abisal
que no nos protege,
es antes cómplice, o mentor
intelectual de esas ruinas,
de nuestras mentes mutiladas.
Al pasar por ciertas casas y calles suburbanas, sucede a veces
que nos deparamos con algo
que brilla deslumbrante y disimétrico,
y nos conmueve al punto de que nos preguntamos si de su aparición escandalosa, su cola
luminosa de átomos y vacío,
podrán surgir un día
muchachas aseadas en vestidos
de flores, llevando de la
mano a niños bien peinados
a la Escuela Municipal,
el Sueño Municipal.
Me detuve un día en una de esas
plazas y, acostado sobre el
césped, me puse a escuchar la
desconexión absoluta de
todas las hablas del mundo, de
todos los sueños del mundo.
Al levantarme para buscar
un poco de agua en el tanque
vacío vi (encarándome)
una rata que incluso
así me recordó a
Debra Wingers
abandonada en el desierto.
(traducción de Aníbal Cristobo)(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)

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