OCASO
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!
- Manuel Machado
Falleció en Madrid el 19 de enero de 1947,
Nota: Si algo define a los hermanos Machado es su inmenso talento y la profunda huella cultural que dejaron en la literatura española. Ya su padre fue un divulgador y renovador del folclore popular, y eso se nota, y mucho, en la poesía de Manuel (1874-1947), en donde mezcla el folclore y el cante hondo de su tierra con sus lecturas de autores como Verlaine y Rubén Darío. En el soneto que ofrecemos hoy en Hermeneuta, de gran musicalidad, Manuel convierte el paisaje marino en espejo del cansancio vital: el sol se hunde lentamente en el mar y el yo poético, herido y fatigado, anhela descansar mirando el mar, sin pensar nada. Con todo ello, logra transmitir una emoción profunda.
(Fuente: Hermeneura Revista Cultural)
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