LA AUDACIA DE LA URDIMBRE
Ubicua
y eternamente laboriosa
hilandera,
arbitrariamente absurda
destejiendo vidas,
la Muerte (con mayúscula)
se empeña en ovillar
las minúsculas muertes
con que renunciamos a los sueños.
No la distraen
los afanes
ni los trinos del gorrión
por construir su nido.
(Ningún amor ensimismado
la conmueve).
Hay que reforzar la urdimbre,
me (nos) digo,
entretejiendo la sonoridad del grito
en un canto coral,
desbaratar esa rueca
con audacia
para impedir que la Muerte
corte el hilo.
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