miércoles, 21 de enero de 2026

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947 / Reside en San Juan, Argentina)

 

 

DE LA NADA,
TOCAMOS LA CAMPANA
 
 
 
Suculencias verbales
conque el sol
se afana en la siesta.
Y el balde azul
que injuria
su carne cuarteada,
su piel sin ampollas,
su invisible trenzado
de los polímeros
hijos del siglo.
No azul,
ahora azulenco
y suplicante
bilioso.
Ahí,
desafiante forzado,
tal vez contorno desnudo,
nonato segundo,
exacto,
él, en él,
prisión y purga,
entre los chiap chiap
de la bataraza
que vigila,
civilmente
avispada,
a sus pollitos
que andan a saltitos
sobre la greda caliente.
Y acaso hay
un abismo molecular
y su despiadada
contemplación del fin,
secuaces dientes fríos,
sueños tibios,
recaída y repleción
en el acabose creado.
El objeto,
entonces,
a voluntad negado:
conflictos, vapores
fuera de este orbe,
deshaciéndose gris,
rojo privilegio
de la inmutabilidad
sexual,
no del tolondro deseo.
Oh, Virgen de Julio.
...
 
 
 
 
"Torrefazione
del Palio Avigliana
Via Garibaldi, 2"
 
 
dice la servilleta
de papel y óxido
que se deshace
entre polvo y calor.
 
Y en el reverso,
"Premio
Italia che lavora.
Cittá di Torino".
 
Y no está
Norberto Bobbio,
y los cafés y los brandys caseros
no se enfriaron,
en aquel octubre
de charla y cogotes cruzados,
de camposantos y viñas,
de parlamentos y squatters,
de castañas y Stalin,
mientras las primeras nevadas
se le animaban al Monte Viso.
 
Y un perro triste
moría
de poco
en esas calles
horizonte blanco,
donde escuché
a Elena Nitti
cantar,
gloriosamente
amarga,
ese blues
en piamontés
champurreado
y aquellos
lloriqueos de pez
que respira fuego
y no lo sabe.
 

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