Soneto XXIX
Cuando caigo en desgracia y a la vista de todos,
lamento en soledad mi estado de indigente
y clamo con inútil gemido al cielo sordo,
y me veo a mí mismo y maldigo mi suerte;
y deseo ser alguien más rico en esperanzas
y, como él, destacar, con amigos a puños;
de éste, codicio el arte y de aquél, lo que abarca,
y nada me contenta, ni lo que más disfruto.
Y aun cuando en pensamiento me odie, pienso ahora,
dichoso, en ti y mi ánimo —como desde la tierra
sombría, al despuntar el alba, aquella alondra
emprende el vuelo— canta sus himnos a la puerta
del cielo. Pues tu amor tanta riqueza ofrece
que me niego a cambiar de rango con los reyes. (traducción de Hernán Bravo Varela)
(Fuente: Ezequiel Zaidenwerg Dib)
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