1
No basta con arrojar bengalas
y decir que se acabaron los muertos.
No me esperéis en vuestros banquetes de victoria,
hermanos vencedores:
esta carne quemada es de otros hombres
y vuestro vino
un reguero sagrado que empapa
la camisa de la tierra moribunda.
2
No era mi intención cantar cosas inútiles.
Es la desesperación
lo que me lleva a resucitar el blanco del papel.
La poesía
nos eleva,
pero después la vida
nos arrastra
por el suelo
y nos enseña
nuestra auténtica condición.
Ambos poemas pertenecen al poemario que dediqué al Apocalipsis a raíz de la guerra de Irak de 1991: Enrique Mercado.
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