A cien años de la publicación de «Suenan Timbres» (1926-2026)
SUENAN TIMBRES
CONFESIÓN DE UN APRENDIZ DEL SIGLO (FRAGMENTO)
(…)
He hecho los más cuidadosos esfuerzos para que quienes lean a Suenan timbres en esta segunda edición puedan comparar críticamente mi poesía de este libro con la posterior a él. De ésta he tomado lo que me parece más característico, dejando de lado muchos otros aspectos. Algunos de mis amigos más próximos andan preocupados porque dicen que si publico ahora a Suenan timbres sin dar a la estampa los libros inéditos, esa edición, después de 50 años, va a caer como una lápida sobre mí, en el criterio de la gente. Ello me hace declarar que siempre he sido indiferente a las opiniones ajenas. Yo hago mi poesía, que es lo que me compete, y con ello considero cumplida mi función de poeta. Lo demás ya es subalterno y de otros digamos, la publicidad y la consideración pública.
Y ahora, una última comunicación: quien haya tenido la paciencia de llegar hasta acá dirá posiblemente que soy un anarquista. Nada de eso. A Goethe se le suele atacar el por lo demás comprobado derechismo de que adolecía, porque dijo: “prefiero una injusticia a un desorden”. Pues yo también la prefiero, pero cuanto se trate del nuevo orden, por cuánto éste debe ser, tiene que ser, más riguroso que aquel, ya decadente, que sustituye. Cosa igualmente cierta para la revolución y para la poesía.
LOS RUIDOS
Ruidos de los cafés
que se escapan por las bocinas de los teléfonos.
Ruidos maravillosos de las casas.
Yo sé que cada casa
tiene sus ruidos especiales.
Así conozco la casa de mi amigo
y reconozco la mía
-de lejos-
entre la aglomeración de construcciones.
Ruidos en la ciudad que sólo es calles
y calles
en la ciudad que está espaldas
volteadas hacia adentro
hacia los interiores de las casas.
Ruidos de la época de las cavernas
que andan todavía en el mundo.
Ruidos.
Vosotros vagáis locos
buscando una salida
pero al igual que yo
no habéis podido encontrarla.
Ruidos.
Y ya lo mejor será
que os tornéis extáticos
fijos
-pegados a las paredes-
Conservando vuestras formas
de dibujos decorativos.
CRISTOLOGÍA
Las cruces que hay en el mundo
son trampas puestas por los hombres
para cazar a Jesucristo.
Es verdad que el diablo le tiene miedo a la cruz
pero Jesucristo le tiene mucho más miedo
y huye donde se una.
Esto le ocurre
desde aquella vez
que le pusieron esa CONDECORACIÓN
tan grande
que se enredó en ella
y se murió.
Y sin embargo
Jesucristo ha sido siempre
a través de todos los tiempos
el más perfecto
MAROMERO.
Eso es.
ESPEJOS
Para Juan José Pérez Domenech
En el rompecabezas de la noche
hay sensación de árboles
y de calles fluidas
signos
de la eterna fuga del planeta.
Calles angostas las del cielo
llenas de dengues y rincones.
Las estrellas
son farolitos
colgados a las puertas de las casas.
Y la luna alumbra
porque le da su reflejo
el vitral de una ventana.
Las noches están bocabajo.
Y vuelve el día
que es cóncavo
y que nos copia como un espejo
¡Ay! que acaso nosotros
no somos otra cosa
que refracciones de otros mundos
vistas en el espejo del día.
LA LEY DE ATRACCIÓN
Esta atracción universal
que me tiene sujeto
a la tierra…
¡Ah! pero algún día
vas a lograr -¡oh! sabio-
dominar esa fuerza misteriosa
-grave sobre mis hombros-
y entonces
ya no estaré pegado a la Tierra
y podré irme
hacia los canales azules de Marte
o hasta Saturno
-a montar en su rueda de luz-
O hasta Urano triste
o hasta Neptuno esquivo.
¿Me acompañarás entonces
¡oh! dulce niña?
Iremos lejos
lejos.
Y nos coge la noche
nos quedaremos a dormir
en un pequeño pueblo de la Luna.
ORACIÓN DE LOS BOSTEZADORES
Dedicado a Leo Le Gris – Bostezador
Señor
Estamos cansados de tus días
y tus noches.
Tu luz es demasiado barata
y se va con lamentable frecuencia.
Los mundos nocturnales
producen un pésimo alumbrado
y en nuestros pueblos
nos hemos vistos precisados a sembrarle a la noche
un cosmos de globitas electrícas.
Señor.
Nos aburren tus auroras
y nos tienen fastidiados
tus escandalosos crepúsculos.
¿Por qué un mismo espectáculo todos los día
desde que le diste cuerda al mundo?
Señor.
Deja que ahora
el mundo gire al revés
para que las tardes sean por la mañana
y las mañanas sean por la tarde.
O por lo menos
-Señor-
te suplicamos todos los bostezadores
que transfieran tus crepúsculos
para las 12 del día.
Amén.
LAS SOMBRAS
Cuando sale la luna
empiezan a brincar las sombras.
¡Chas! ¡chas! Se siente que hacen al caer.
Y el suelo se puebla de seres estrambóticos.
Toda la noche estuve viéndolas saltar.
Una que cayó cerca
se fue conmigo
escondiéndose detrás de mí
o saltando adelante
e imitando mis gestos-
por lo cual he colegido
que la sombra
es el mono
de cada uno.
Después
-yo no sé cómo
la sombra se me embrolló en los pies
y armó su verdadero escándalo en plena calle
con su chillería de mil demonios.
Desde entonces sufro un miedo pánico
y a todo el mundo le aconsejo
que tenga precauciones
para que no se enrede la sombra
al andar.
MIENTRAS FUMO UNA PIPA
Para Ramón Vinyes
Esta noche
quiero torcerles el cuello
a las espirales de humo.
Esto lo digo para ti –mi pipa-
para ti que eres
una pequeña guarida
de espirales.
En el aire
-con un largo dejo melancólico-
el humo se cuelga
como un nido.
Pero sobre mi pipa
el cielo le da a los sueños
una larga clase de cosmografía.
Y
-lejos-
en la noche oscura-
un reloj
canta
como si tuviera
un largo pescuezo
y como si después de cantar
fuera a esconder
la cabeza
entre las alas.
Esto me causa un desconocido pavor.
Quiero salvarme.
Los mundos pasan altos por el vacío.
Y mi alma
les hace signos desesperados
en la estación inalámbrica de mi pipa.
PAISAJE EN LA NOCHE
El lago dejó de andar a través del cielo fugitivos
y se durmió en los brazos de la ribera terrestre.
La noche produjo la sensación de una gran cosa tapada
hermética para los oídos y los ojos.
Uno a uno
los árboles se disolvieron en el aire.
Los sapos-inflados
y verdes como repujados en cobre rumboso-
abiertas las patas aferradas-
cantaban con la noche a cuestas.
Cuando la oscuridad había soltado toda su tinta
-en el fondo negro-
pude ver el viento ventrudo
que venía bocabajo
y se ahorcaba de los árboles
o pasaba estirado sobre sus piernas fluidas
como un abogado.
Y entonces-tal vez como nunca volveré a presentirlo-
bajo la oscuridad se hizo todo más claro.
Los sapos-de ojos de vidrio-parpadeaban aún.
Vi pasar su orquestación
en ligeras sombras verdes.
Y-en medio de aquel mundo prodigioso-
todos mis gritos se aglomeraron en la plaza del alma
y liberté uno
y era el grito del sueño
y se perdió en la inmensidad
con su leve sombra rosada.
LAS PALABRAS
Iban asomando las palabras
en el libro
Espina dorsal
Diminutos esqueletos de la voz
Proyectaban en el aire
los reflejos de sus colores
Unas gritaban a voz en cuello
otras apenas rozaban el oído
Se ramificaban dentro de ellas
la vibración
la movilidad
el matiz
como un pequeño sistema nervioso.
Y horror
del libro empezaron a salirse las palabras
a andar
a arquearse
a deslizarse por encima de mis manos
y se internaron por el inmenso hueco de la vida real
ondulando y retorciendo
sus diminutos cuerpos de gusanos de luz.
VAGO POEMA DE LAS HORAS
Una hueca oscuridad
en mi cuarto.
Hueca
con oquedad de cueva.
No hay sino dos cosas en el mundo.
Las horas
y yo.
Esto es todo lo que hay en el mundo.
Yo veo las horas
desvanecerse en la oscuridad
como coronas de humo.
La hora es una periferia azul
que me aprieta el corazón
como un anillo flexible.
Yo sé que estas horas no tienen árboles
ni luna
ni sol
ni cielo de crepúsculo
y por eso esto aquí-con ellas.
Son las horas mías.
Ellas los aben
y se van curvando
como dorso de gato
para que yo las acaricie.
Pero jamás saben hacerlo
y en la oscuridad
las horas siguen pasando sus vientres
por el reloj.
Y yo me río de esto.
¡Cómo no voy a reírme!
Suenan timbres. Bogotá. Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA). 1976. Págs. 39, 63-64, 80, 91, 95, 101-102, 106, 109-110, 111-112, 113, 114-115.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
No hay comentarios:
Publicar un comentario