sábado, 24 de enero de 2026

Luis Vidales (Colombia, 1904-1990)

 

 

A cien años de la publicación de «Suenan Timbres» (1926-2026) 

SUENAN TIMBRES

 

CONFESIÓN DE UN APRENDIZ DEL SIGLO (FRAGMENTO)

(…)

He hecho los más cuidadosos esfuerzos para que quienes lean a Suenan timbres en esta segunda edición puedan comparar críticamente mi poesía de este libro con la posterior a él. De ésta he tomado lo que me parece más característico, dejando de lado muchos otros aspectos. Algunos de mis amigos más próximos andan preocupados porque dicen que si publico ahora a Suenan timbres sin dar a la estampa los libros inéditos, esa edición, después de 50 años, va a caer como una lápida sobre mí, en el criterio de la gente. Ello me hace declarar que siempre he sido indiferente a las opiniones ajenas. Yo hago mi poesía, que es lo que me compete, y con ello considero cumplida mi función de poeta. Lo demás ya es subalterno y de otros digamos, la publicidad y la consideración pública.

Y ahora, una última comunicación: quien haya tenido la paciencia de llegar hasta acá dirá posiblemente que soy un anarquista. Nada de eso. A Goethe se le suele atacar el por lo demás comprobado derechismo de que adolecía, porque dijo: “prefiero una injusticia a un desorden”. Pues yo también la prefiero, pero cuanto se trate del nuevo orden, por cuánto éste debe ser, tiene que ser, más riguroso que aquel, ya decadente, que sustituye. Cosa igualmente cierta para la revolución y para la poesía.

 

 

LOS RUIDOS

 

Ruidos de los cafés

que se escapan por las bocinas de los teléfonos.

Ruidos maravillosos de las casas.

Yo sé que cada casa

tiene sus ruidos especiales.

Así conozco la casa de mi amigo

y reconozco la mía

-de lejos-

entre la aglomeración de construcciones.

Ruidos en la ciudad que sólo es calles

y calles

en la ciudad que está espaldas

volteadas hacia adentro

hacia los interiores de las casas.

Ruidos de la época de las cavernas

que andan todavía en el mundo.

Ruidos.

Vosotros vagáis locos

buscando una salida

pero al igual que yo

no habéis podido encontrarla.

Ruidos.

Y ya lo mejor será

que os tornéis extáticos

fijos

-pegados a las paredes-

Conservando vuestras formas

de dibujos decorativos.

 

CRISTOLOGÍA

 

Las cruces que hay en el mundo

son trampas puestas por los hombres

para cazar a Jesucristo.

Es verdad que el diablo le tiene miedo a la cruz

pero Jesucristo le tiene mucho más miedo

y huye donde se una.

Esto le ocurre

desde aquella vez

que le pusieron esa CONDECORACIÓN

tan grande

que se enredó en ella

y se murió.

Y sin embargo

Jesucristo ha sido siempre

a través de todos los tiempos

el más perfecto

MAROMERO.

Eso es.

 

ESPEJOS

 

Para Juan José Pérez Domenech

 

En el rompecabezas de la noche

hay sensación de árboles

y de calles fluidas

signos

de la eterna fuga del planeta.

Calles angostas las del cielo

llenas de dengues y rincones.

Las estrellas

son farolitos

colgados a las puertas de las casas.

Y la luna alumbra

porque le da su reflejo

el vitral de una ventana.

Las noches están bocabajo.

Y vuelve el día

que es cóncavo

y que nos copia como un espejo

¡Ay! que acaso nosotros

no somos otra cosa

que refracciones de otros mundos

vistas en el espejo del día.

 

 

LA LEY DE ATRACCIÓN

 

Esta atracción universal

que me tiene sujeto

a la tierra…

¡Ah! pero algún día

vas a lograr -¡oh! sabio-

dominar esa fuerza misteriosa

-grave sobre mis hombros-

y entonces

ya no estaré pegado a la Tierra

y podré irme

hacia los canales azules de Marte

o hasta Saturno

-a montar en su rueda de luz-

O hasta Urano triste

o hasta Neptuno esquivo.

¿Me acompañarás entonces

¡oh! dulce niña?

Iremos lejos

lejos.

Y nos coge la noche

nos quedaremos a dormir

en un pequeño pueblo de la Luna.

 

 

ORACIÓN DE LOS BOSTEZADORES

 

Dedicado a Leo Le Gris – Bostezador

Señor

Estamos cansados de tus días

y tus noches.

Tu luz es demasiado barata

y se va con lamentable frecuencia.

Los mundos nocturnales

producen un pésimo alumbrado

y en nuestros pueblos

nos hemos vistos precisados a sembrarle a la noche

un cosmos de globitas electrícas.

Señor.

Nos aburren tus auroras

y nos tienen fastidiados

tus escandalosos crepúsculos.

¿Por qué un mismo espectáculo todos los día

desde que le diste cuerda al mundo?

Señor.

Deja que ahora

el mundo gire al revés

para que las tardes sean por la mañana

y las mañanas sean por la tarde.

O por lo menos

-Señor-

te suplicamos todos los bostezadores

que transfieran tus crepúsculos

para las 12 del día.

Amén.

 

LAS SOMBRAS

 

Cuando sale la luna

empiezan a brincar las sombras.

¡Chas! ¡chas! Se siente que hacen al caer.

Y el suelo se puebla de seres estrambóticos.

Toda la noche estuve viéndolas saltar.

Una que cayó cerca

se fue conmigo

escondiéndose detrás de mí

o saltando adelante

e imitando mis gestos-

por lo cual he colegido

que la sombra

es el mono

de cada uno.

Después

-yo no sé cómo

la sombra se me embrolló en los pies

y armó su verdadero escándalo en plena calle

con su chillería de mil demonios.

Desde entonces sufro un miedo pánico

y a todo el mundo le aconsejo

que tenga precauciones

para que no se enrede la sombra

al andar.

 

 

MIENTRAS FUMO UNA PIPA

 

Para Ramón Vinyes

Esta noche

quiero torcerles el cuello

a las espirales de humo.

Esto lo digo para ti –mi pipa-

para ti que eres

una pequeña guarida

de espirales.

En el aire

-con un largo dejo melancólico-

el humo se cuelga

como un nido.

Pero sobre mi pipa

el cielo le da a los sueños

una larga clase de cosmografía.

Y

-lejos-

en la noche oscura-

un reloj

canta

como si tuviera

un largo pescuezo

y como si después de cantar

fuera a esconder

la cabeza

entre las alas.

Esto me causa un desconocido pavor.

Quiero salvarme.

Los mundos pasan altos por el vacío.

Y mi alma

les hace signos desesperados

en la estación inalámbrica de mi pipa.

 

 

PAISAJE EN LA NOCHE

 

El lago dejó de andar a través del cielo fugitivos

y se durmió en los brazos de la ribera terrestre.

La noche produjo la sensación de una gran cosa tapada

hermética para los oídos y los ojos.

Uno a uno

los árboles se disolvieron en el aire.

Los sapos-inflados

y verdes como repujados en cobre rumboso-

abiertas las patas aferradas-

cantaban con la noche a cuestas.

Cuando la oscuridad había soltado toda su tinta

-en el fondo negro-

pude ver el viento ventrudo

que venía bocabajo

y se ahorcaba de los árboles

o pasaba estirado sobre sus piernas fluidas

como un abogado.

Y entonces-tal vez como nunca volveré a presentirlo-

bajo la oscuridad se hizo todo más claro.

Los sapos-de ojos de vidrio-parpadeaban aún.

Vi pasar su orquestación

en ligeras sombras verdes.

Y-en medio de aquel mundo prodigioso-

todos mis gritos se aglomeraron en la plaza del alma

y liberté uno

y era el grito del sueño

y se perdió en la inmensidad

con su leve sombra rosada.

 

LAS PALABRAS

 

Iban asomando las palabras

en el libro

Espina dorsal

Diminutos esqueletos de la voz

Proyectaban en el aire

los reflejos de sus colores

Unas gritaban a voz en cuello

otras apenas rozaban el oído

Se ramificaban dentro de ellas

la vibración

la movilidad

el matiz

como un pequeño sistema nervioso.

Y horror

del libro empezaron a salirse las palabras

a andar

a arquearse

a deslizarse por encima de mis manos

y se internaron por el inmenso hueco de la vida real

ondulando y retorciendo

sus diminutos cuerpos de gusanos de luz.

 

 

VAGO POEMA DE LAS HORAS

 

Una hueca oscuridad

en mi cuarto.

Hueca

con oquedad de cueva.

No hay sino dos cosas en el mundo.

Las horas

y yo.

Esto es todo lo que hay en el mundo.

Yo veo las horas

desvanecerse en la oscuridad

como coronas de humo.

La hora es una periferia azul

que me aprieta el corazón

como un anillo flexible.

Yo sé que estas horas no tienen árboles

ni luna

ni sol

ni cielo de crepúsculo

y por eso esto aquí-con ellas.

Son las horas mías.

Ellas los aben

y se van curvando

como dorso de gato

para que yo las acaricie.

Pero jamás saben hacerlo

y en la oscuridad

las horas siguen pasando sus vientres

por el reloj.

Y yo me río de esto.

¡Cómo no voy a reírme!

 

Suenan timbres. Bogotá. Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA). 1976. Págs. 39, 63-64, 80, 91, 95, 101-102, 106, 109-110, 111-112, 113, 114-115.

 

(Fuente: La Mecánica Celeste) 

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