pocas veces,
muy pocas veces
vi llorar
a mi padre
“hay que guardarse las lágrimas –decía- únicamente
para cuando veamos
alguna vez
algún milagro”
pude pensar que era un hombre duro
que tuvo una infancia amarga
que la comida no alcanzaba para él y sus once hermanos
que su padre lo maltrató
que su madre no lo amó
una tarde
me llevó al palomar
“una – dijo- elije una”
de ese universo de grises blancas
percheronas henchidas desplumadas elegí una,
lo vi escribir
doblar el papelito
anillarlo en la pata del ave
ponerla en mis manos
había que colocarlas como un nido
“a la cuenta de tres lánzala”
conté en voz alta
le di un fuerte envión hacia arriba
en el preciso instante
en que el ave
abre las alas para iniciar el vuelo
con sus uñas rozando
las líneas de mis manos
ahí
justo ahí
no sé por qué
lloró
mi
padre.
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